miércoles, 22 de octubre de 2008

Pericote y Pejereyna

Mientras continúa la vida Pericote - el payaso - sueña con el espectáculo que presentaba por diferentes países en el circo Perlas del Oro. Conoció ahí a la que sería su esposa Pejereyna, primero eran trapecistas y también contorsionistas, volaban por los aires. Con ellos estaban Picapote, Chicharrito y Butapecha, payasos que ridiculizaban sus acrobacias. En ese entonces los dos eran conocidos como Doncel y Princesa. El espectáculo era de primera - ambos - se lucían con esos ejercicios, figuras que en ocasiones eran mortales; menos mal abajo del trapecio había una red de protección aparente por si cayeran. En su profesión se hicieron conocidos y respetados.

Cuando se presentaban de contorsionistas - igualmente - trabajaban con audacia, alegría y riesgo. Hombre y mujer goma. Picapote, Chicharrito y Butapecha eran su comparsa, con mímicas y gestos.

Sucedió un día que Princesa (Pejerreyna) cayó en un descuido del trapecio, la red de protección le sirvió de poco, fracturándose la pierna izquierda en varios pedazos, la operaron, luego le pusieron yeso. Doncel (Picapote) se deprimió, no quiso subir al trapecio más y cuidaba de su Princesa, durante meses en una tiendita en la que vivían, dentro del circo. Jonás, el dueño del circo tuvo que poner a otros trapecistas y andaba mortificado porque el espectáculo de Princesa y Doncel, era inigualable. - Ya mejorarán con su arte estos trapecistas, todo es cuestión de exigencia y disciplina, dijo Jonás y agregó: - Deseo que pronto regresen Princesa y Doncel.

Apenas recobró energía y fuerza Princesa, los dos volvieron a la pista, con disfraces: él con una peluca vieja y un abrigo pasado de moda puesto al revés; ella eran tan bonita que para disimular su hermosura, se puso un vestido largo y amplio, sin corte al talle y se echó harto rimel en las pestañas. Le darían una sorpresa a Jonás, quién no sabía nada de la mejoría de la artista.

- Jonás no nos reconocerá, ya verás Princesa.

Hacia media función el dueño del circo les dio una palmada en la espalda y abruptamente - ambos - resbalaron en la pista. - Mira al público mujer, nos aplauden, se han parado, es una ovación, así se expresa con la voz agitada por la repentina caída nuestro bufón.

Este acto se repitió una y otra vez en el circo Perlas de Oro. En adelante los asistentes al circo estaban estupefactos y sorprendidos por sus proezas. Y ellos para siempre se convirtieron en Pericote y Pejerreyna, los payasos mayores.

Pericote era un payaso desaliñado, descachalandrado, conservó la misma vestimenta y su rostro lo maquilló de blanco y cejas pobladas mientras Pejereyna vestía con vestido corto, pegado a su linda figura, medias nylon blancas y eso sí: zapatos enormes y una redonda nariz roja, con guantes blancos.

Otro número, era aparecer con un chanchito que se llamaba Gordon, lo adiestraron y él se lanzaba de un paracaídas con un globo amarrado a su lomo. La concurrencia vibraba. Picapote, Chicharrito y Butapecha - que no siempre los acompañaban- tocaban el clarinete y el saxofón, complementando esta farsa, con gracia.

En una ocasión Pejereyna que era también domadora de delfines, invitó a niños del público a jugar con el delfín Tamborhuasca, entre ellos estaba el hijo del dueño de Jonás: Juan Ramón quién cabalgó en el dorso del delfín sin temor. La payasa los guiaba en la piscina, dándoles seguridad.

El olor del despertar venía para ellos. Eran felices en su ser de payasos, encontraron recompensas, arrancaron sonrisas y diálogos de humor con diferentes públicos, en diversos ciudades del mundo. Esto no hubiera sido así si se hubieran quedado de trapecistas y contorsionistas, paradojas de la vida.

Pasaron los años y un día -ya cansados - se retiraron del circo Perlas de Oro.

- Hicimos casi toda nuestra vida en el circo, estamos plenos de anécdotas para contar a nuestros amigos. Dios no nos premio con hijos mujer, ahora tenemos nuestra casita de campo, con nuestros animales.

Pejereyna aparenta no escucharlo. - Tu-tutuú les dice al gallo, a las gallinas y a los pollitos mientras les da de comer sus granos y les cambia su agua en el patio de su hogar. Luego los mete en su amplia jaula.

- Voy a cocinar amor, para nosotros.

Pericote tiene ya 75 años, es un hombre fuerte y Pejereyna es un tanto menor. Viejos bufones que robaron carcajadas. Los aplausos de las personas muchas veces de pie y el escenario lleno resuenan en mis oídos y viven en mis pupilas, recuerda en voz alta Pericote.

Julia del Prado (Perú)

20 octubre del 2008.

sábado, 18 de octubre de 2008

3.- LA REAPARICIÓN DEL SUMIDERO

Había que darse prisa en organizar el acto de entrega de la Bellota de Oro. El tiempo volaba camino de la fecha electoral y no era cuestión de que los cuatro chavos que había costado la dichosa bellota se fueran al garete.

El mismísimo hijo del señor Alcalde se encontraba desarmado ante el entusiasmo que su progenitor mostraba en defensa de la naturaleza. ¿Habrían tomado conciencia los poderes públicos bermejinos de lo que significaban para el pueblo aquellos parajes, pulmón de media provincia y fuente de alimentación de la colonia porcina más valiosa de los contornos? Sólo don Guido, el contratista de obras, osaba mostrar su profunda y "desinteresada" disconformidad con aquel capricho municipal. ¿Serán capaces esos desgraciados munícipes de olvidar viejos favores y poner freno a mi novísimo proyecto de urbanizar parte del parque natural que rodea el pueblo? Pensó, ¿acaso no hay decenas de miles de árboles por los alrededores? ¿Qué más da borrar del bosque cuarenta o cincuenta hectáreas? Estos y otros interrogantes similares tamborilearon su cabeza durante aquellas fechas.

En mi deseo de que nada quede oculto, diré que, por motivos completamente distintos, también los cerdos de Frasquito mostraban cierto temor ante aquel espíritu festivo que se respiraba en el pueblo. Los inocentes animales sentían un pavor escénico difícil de disimular. ¿Acaso se acercaba una festividad ignorada por ellos? El invierno, y con él el tiempo de la matanza, estaba aún algo lejano, pero esta gente de pueblo es, muchas veces, imprevisible, pensaba el semental de la piara. Y aunque él tenía una cierta garantía de supervivencia, nunca se sabe, cuando cambian las circunstancias, qué caprichos podían merodear por la mente de aquellos aldeanos. El buen marrano ya había visto coqueteando con más de una cochina a un jovenzuelo retozón y mucho se temía que, cuando menos lo esperase, podían pintar bastos para él…

En las fechas previas a la entrega del preciado galardón don Pascual se hizo presente en Villabermeja. Tres días llevaba en el pueblo. Y lo que resultó más alarmante para los cochinos fue su interés por acompañar a Frasquito cada mañana. Largas horas se tiraban los dos, al pie de una encina, departiendo e intercambiando ideas y experiencias.

Aunque el lenguaje humano resulta demasiado enrevesado, y bien sabían aquellos animales de la falsía de muchas de sus palabras, algo pareció indicar a los cerdos más observadores que, en aquel caso, no eran ellos el tema central de las conversaciones. Don Pascual tomaba entre sus manos una y otra vez algunas de las bellotas caídas en el suelo, y después de manosearlas y darles veinte vueltas, clavaba su mirada en el rostro de Frasquito. Éste, como si le hubiesen dado cuerda, correspondía con una larga perorata que dejaba embobado al ínclito profesor.

El último de aquellos días cambió por completo la rutina diaria, Frasquito, ayudado por don Pascual, llenó de bellotas un saco de considerables dimensiones. Luego, más temprano que de costumbre, emprendieron el camino de vuelta a casa. Afortunadamente, al llegar a su pocilga, el amo debió adivinar que los cerdos aún tenían bastante hambre, pues antes de cerrar la puerta vació en un rincón la mayor parte del contenido de aquel saco y, acariciando el lomo de un par de cochinos, salió acompañado de su visitante.

Una hora más tarde, Frasquito, después de ducharse, vestido con el traje de novio, recién afeitado y limpio como el alma de un niño de pecho, se encaminó, acompañado de su esposa, al Salón de Actos del Círculo de Labradores. Allí recibiría la primera Bellota de Oro en reconocimiento a su inmensa labor en pro del medio natural bermejino. Cuando llegó, un latigazo de orgullo le subió desde el estómago tiñendo su rostro de un rojo sólo comparable al que experimentó el día que salió de la escuela por última vez; el día del "sumidero", concretamente.

Allí estaba el señor alcalde, don Pascual, el Presidente del Círculo de Labradores, un cámara de la televisión local, y dos periodistas venidos de la capital para dar testimonio de tan singular acto. El Presidente del Círculo se adelantó a la puerta del salón de actos. Tras el saludo protocolario, acompañados de un sonoro aplauso, ambos subieron al estrado donde esperaban el resto de las personalidades.

Frasquito nunca se había visto en nada igual, sentado en la presidencia de la mesa, rodeado de los prohombres más señeros del pueblo, se sentía como gallina en corral ajeno. Tras la presentación del acto por parte del Secretario del Círculo de Labradores, éste cedió la palabra al señor Presidente de la Comisión Cultural del Medio Ambiente:

-Don Pascual López de la Encina y Pérez del Olivo, Catedrático de Medio Ambiente, ilustre bermejino que, desde este momento, comienza a perfilarse como el próximo adjudicatario de la segunda Bellota de Oro, tiene la palabra -dijo.

-Dignísimas autoridades, queridos paisanos y amigos. Hace muchos años que, por obvios motivos, me vi obligado a abandonar nuestros hermosos e inigualables paisajes bermejinos…

Durante media hora don Pascual estuvo desgranando las bondades y maravillas de Villabermeja y su entorno. Yo, bermejino como el que más, he de confesar que comparto sus palabras una por una; pero le hago gracia, amigo lector, de repetirlas aquí. Visite usted nuestro pueblo cuando tenga a bien y comprobará por sí mismo los múltiples valores que guarda mi patria chica.

Por fin, después de un panegírico dirigido más a la prensa y a la televisión que al público presente, don Pascual entró en el meollo de la cuestión:

-… Y así, podemos afirmar que, gracias a su labor durante años en los montes de nuestra villa, don Francisco Labrador de Isidro, Frasquito para los paisanos y amigos, se ha constituido en paladín y ejemplo de lo que un hombre, un solo hombre, es capaz de hacer en pro del medio natural que nos rodea. Cientos de horas investigué sobre la contaminación hasta concluir la imponderable aportación de los sumideros naturales a la conservación de la madre naturaleza. Mientras, aquí, en Villabermeja, él, él solo, y sin más medios que cuatro herramientas, ha sido capaz de demostrar el acierto de mis investigaciones al implantar en nuestra tierra amada los innumerables sumideros naturales de CO2 que hoy crecen por doquier en los montes que nos rodean.

Aquello fue como un golpe en su bajo vientre. Cuando Frasquito se veía en la cumbre de la fama y, por consiguiente, invitado a mil y una rondas en Casa Blas, de nuevo la palabra maldita hacía acto de presencia. Él, que posiblemente había dado vida a miles de árboles a lo largo de su existencia, él, que pensó ser merecedor de la Bellota de Oro precisamente por su valiosísima defensa del entorno forestal se encontró con un premio concedido por "implantar innumerables sumideros naturales". ¿Aquellas hermosas encinas, envidia de los miles de marranos que cada año pastaban por allí iba a resultar ahora que eran meros "sumideros naturales"?

Aún más, recordando sus tiempos de servicio militar, le vinieron al recuerdo los aromas de las calles de Sevilla en primavera, cuando el azahar se adueña de sus tibias madrugadas penetrando hasta el último rincón de la ciudad. Pues ahora resultaba que aquellos naranjos, esencias de Sevilla desde tiempo inmemorial no eran sino vulgares "sumideros naturales".

Hasta aquí podíamos llegar, pensó. Solemnemente se levantó, tomó en sus manos la dichosa medallita y, acallando el aplauso que en ese momento le dedicaba el respetable púbico asistente, la devolvió dignamente al señor alcalde. Luego abandonó el estrado mientras, con un vozarrón propio de aquellos pulmones que sólo habían respirado en su vida el aire purísimo fabricado por sus mimados "sumideros naturales", se despedía de esta manera:

-Señor don Pascual, por mucho que te empeñes, toda tu vida serás el tonto de Pascualín. A ver si te enteras de una vez de lo que se dice por el pueblo: "cuando el dinero habla, todos callan". Y el dinero de tu padre habló como una cotorra. Lástima que no llegase para "implantarte" un cerebro nuevo, que si no… hasta pensarías. Ah y nada de "implantar sumideros". Este servidor que te habla no es aficionado a meterse en camisa de once varas, como otros que yo me sé, y sólo hace lo que sabe: plantar árboles. ¡¡¡PLANTAR ÁRBOLES!!!


EPÍLOGO

Raudales de palabras altisonantes y una ostentación pública de filantropía son las señas de identidad de una época exhibicionista que se finge magnánima.

(Albert Boadella)


Manuel Cubero
Manolo

miércoles, 15 de octubre de 2008

Libre del Purgatorio.

Había pagado por su crimen; se consideraba ya totalmente libre de culpa y cargo.

¿Qué podían achacarle ahora aquellos que antes lo señalaban con el índice en alto?

Aquellos mismos que se llenaban la boca hablando de los pecados de los demás sin detenerse a pensar en todos los artilugios que debían realizar para ocultar sus propios malos pasos.

¡No importaba ya!

Dijeran lo que dijeran, él se consideraba indiferente a los chismes.

De algo estaba seguro: ya no iría al Purgatorio.

El mismo cura se lo había confirmado aquella mañana al darle la comunión; el mismo sacerdote que lo había encontrado días atrás, totalmente ebrio y orinando el misal.



Liliana Varela 2008

jueves, 9 de octubre de 2008

Crónica de la violencia V

Espero que el perro no raspe más la puerta, no voy a dejarlo entrar. Parece que supiera lo que tengo adentro mío.

Estoy tranquila, lo saqué a pasear con su correa y lo llevé por todos lados; él intuyó que era algo así como la despedida.

¡ya tendrá un dueño mejor que yo!



Gritos otra vez ¡qué raro! mis viejos peleando con mi hermano como siempre, tratando que dejé de drogarse y de vender merca por todos lados.

¡Giles totales! ¡como si fuese a pasar!

Menos mal que tengo esta pieza para mí sola sino creo que reventaría.

Gracias a la loquera me dejan en paz y no me joden mucho; la última vez les dijo que si me presionaban iba a mandarme alguna locura; al menos la mina para eso sirvió porque lo que es para hacerme sentir mejor: nada de nada.

Ellos piensan que el problema es que soy adoptada; que me enteré de grande; que estoy en la “búsqueda de mi identidad real” ¡cómo si fuese ese el problema!

¿Qué carajo saben lo que me pasa por dentro?.

Y si supieran ¿les importaría algo? No creo, Jamás se preocuparon de nada de lo mío.

Acaso ¿saben que me corto con cuchillos o trinchetas cuando me siento mal, cuando pienso que soy una mierda? ¿se enteraron que me corté el pelo en un ataque de locura total porque no aguanto mirarme al espejo ó que mis dibujos son todos sobre la tumba en que quiero “vivir”?

¡No saben nada…ni les importa!

Total, la edad es justificativo para todo. ¡Dejá a la pendeja de mierda que no venga a comer si no quiere! “Está loca..¿no oíste lo que te dijo la psiquiatra?”

Esas son sus frases favoritas; por eso ahora ni vinieron a decirme que está la comida, ellos saben que sino fui es porque no quiero comer. ¡Mejor así, la despedida será más fácil todavía!

¡Tantas veces escribí mi obituario en los cuadernos que tengo! ¡Tantas veces soñé mirando desde esta ventana convertirme en pájaro y volar! ¡Sacarme de encima esta sensación de porquería de estar como encerrada en mi misma, odiándome y dándome asco!

¡Hasta la pared marqué con mi deseo!

¡Si pudiese ser libre de una vez por todas, sentirme bien conmigo misma! Desplegar las alas y elevarme; abandonar este lugar de mierda y soñar.

¡Sentirme en paz!

Dieciséis pisos y la libertad.

-¿no vino a comer Eugenia?¿Estará bien?

-Dejála, dijo que iba a dormir temprano para ver si se podía sentir mejor mañana ¡cómo si fuera posible!. Mejor vamos a ver tele.


Dieciséis pisos más abajo, Eugenia yacía ojos al cielo…dormida y en paz.


Liliana Varela2008

sábado, 4 de octubre de 2008

Escombros

Buscaba afanosamente entre los escombros del cuerpo derruido, de la sangre derramada. Levantaba cada trozo de hueso, cada músculo hecho trizas, magullado. En la piel hecha jirones trataba de encontrar los versos escritos, el poema que se quedó trunco o quizás aquel que llenó espacios de ilusiones. Nada parecía haber quedado grabado, tatuado.

De repente sintió en las manos curtidas de tiempo que algo palpitaba, que un pedazo de algo seguía vivo. Un mendrugo de corazón colgaba de dos palabras. Lo tomó con cuidado, limpió las aristas de dolor, de penas, lo acunó y al besarlo en el momento que una lágrima humedecía al pobre corazón sediento, leyó claramente las dos palabras que lo mantuvieron con vida hasta ese instante en que fue encontrado: te amo.

Desde entonces y en recompensa del tiempo vivido en penumbras, no hubo más pesar ni tristeza agobiando al ser que tuvo el hallazgo, de encontrar la verdad que tanto ansiaba.





Migdalia B. Mansilla R.

Fecha: siempre al conseguir una razón para seguir creyendo.

Diciembre 15 de 2006



Migdalia B. Mansilla R.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Beso de despedida



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Sintió el roce de unos labios tras su oreja, justo allí donde la piel, aún abotargada, se negaba, por lo general, a reaccionar a estímulo alguno. Entonces lo supo. Supo que lo había perdido otra vez, esta vez para siempre. Volvió su rostro asustada. Hacía sólo unos instantes allí no había nada, sólo la calle solitaria y húmeda. Sus pupilas, enormes, buscaron tras la ligera cortina de lluvia. No había nadie. Sólo el viento alejándose en remolino hacia un parque cercano y una luna menguante asomando entre las nubes. Una lágrima rodó por su mejilla y se coló por la comisura de sus labios fruncidos por la desesperanza. Era insípida. El acre amargor se había disuelto entre las gotas de lluvia que empapaban su cara. Suspiró desde el fondo de sus entrañas y se dijo: "Todo ha terminado." Y emprendió el camino de regreso a la soledad de sus recuerdos, con las manos vacías y el pecho abierto.

Unos días más tarde recibía en su correo electrónico un impersonal y fatuo mensaje de despedida. Ya era tarde. Su corazón, partido en dos, ya no latía.


Lena

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lunes, 25 de agosto de 2008

La Oferta y la Demanda


Juliana rondaba diariamente los almacenes y tiendas de una ciudad de
europa occidental, vigilaba y admiraba jubilosa las multicolores
pirámides de frutas, -el orden- ,la variedad interminable de
verduras, carnes, legumbres y otros mil artículos de consumo
público.
Deseaba pedirle a los vendedores, amabilidad y cortesía para con los
consumidores, repitiéndole siempre con énfasis : "el cliente
siempre tiene la razón."
Implementaba, la decoración, la escenografía, el impacto
publicitario que permitía mantener en todo momento al cliente
activo, satisfecho, con ojos ávidos de consumo. Cada cierto tiempo y
en función de la demanda, estudiaba cómo aumentar el grado de
penetración de ésta, y diseñaba estrategia de nuevas ofertas;
también solía mantener amables entrevistas con los clientes, donde
les preguntaba sobre la calidad de los artículos en venta y el trato
del personal. Y todos ellos coincidían, en que la mercancía era de
primera categoría, que los vendedores eran amables y corteses.
Juliana cumplía sus funciones concienzudamente, el resultado de
éstas le alegraban y la llenaban de orgullo.
(La publicidad, la oferta y la demanda esa era su trabajo, lo más
importante de su vida.)
Un día, después de una de estas satisfactorias entrevistas Juliana
se sintió atraida por un cliente, que poseía unos ojos amplios,
inteligentes, acogedores, que miraba y leía con sumo cuidado las
referencia de cada artículo ,para luego quedar pensativo mirando
hacia la nada.
Tal actitud, le llamó aún más la atención y le desepertó un deseo
indefinible de seguir mirándolo con esos ojos grandes que se fijaban
en todo. Los minutos fueron sucediéndole uno a uno y le extrañaba
que no se hubiese dado cuenta de su insistente mirada – pensó con
una sensación vaga de disgusto -
y decidida se le acercó preguntándole afectuosa: ¡ muy buenas
tardes señor! ¿que desea, puedo serle útil?
-Mil gracias señorita, tan sólo deseo decirle, es que este almacén,
decorado con serenidad y parodia. Me parece una farmacia. Leo:
Biofrutas, Bioverduras, Bioyogures, Biozumos, Biocarnes, Biohuevos,
Biocosmeticos, Bio, Bio y más Bio. Dígame usted por favor ¿a los
otros alimentos, a las otras mercaderias que no son Bio acaso no las
ha parido la tierra?.
Lo que ustedes definitivamente han hecho, es utilizar el término
como una herramienta publicitaria en pro de aumentar el tributo del
erario ya que las mercancias Bio son mucho más caras.
- Escúcheme usted señor. Mi trabajo consiste en ayudar a satisfacer
las necesidades y deseos de todas la personas. Las carencias y
deseos siempre son distintos, yo solo le he ofrecido con mucho
gusto mi ayuda
-Le agradezco su interés por ayudarme, pero a lo que usted se
refiere es al consumismo, si señorita, a un consumismo que hoy
domina el espíritu y la mente de millones de personas, sustituyendo
a la religión, la política e incluso a la familia. El consumo
compulsivo de bienes es la causa principal de la degradación
ambiental.
-Señor usted me está tratando como si yo fuese la culpable del
consumismo.Lo que yo entiendo, es que no hay una voluntad política
para frenar el consumismo de unos y elevar el nivel de vida de
quienes más lo necesitan.
-No , no señorita usted es solo un pequeñísima parte de uno de los
tentáculos de este modelo consumista que finalmente haría perder
las característica de ser personas humanas e individuales para pasar
a ser considerados como una masa de consumidores a quienes se puede
influir a través de técnicas de marketing, incluso llegando a la
creación de "falsas" necesidades entre ellos. Osea publicidad
engañosa. manteniendo y aumentando la triste desigualdad del ser
humano.
¡Pero vaya, no se ponga triste! que yo ya tengo sufiscientes; es que
en realidad tengo tanto miedo que lleguemos a decirnos: permítame
presentarme , mi nombre es Julian, busco una Biomujer, yo soy un
Bihombre,tengo una Bioacama,me gustaría hacer el Bioamor y tener un
Biohijo. Entonces le preguntaría: dígame por favor y perdone usted
la redundancia: ¿ a los otros seres humanos que no son Bio acaso no
los ha parido la tierra?.
-No sea exagerado señor a eso aún no hemos llegado.
-Usted lo ha dicho señorita a eso aún no hemos llegado.

Manuel Ramos Martínez

martes, 8 de julio de 2008

OASIS


¿Piensan que no me doy cuenta de su trampa? ¿Que no adivino qué traman?
Me subestiman; se creen que estoy tan loco como ellos, no tienen ni idea de la inteligencia que poseo.
Llevo tanto tiempo en este lugar que parezco haberme mimetizado con ellos; conozco sus pensamientos más íntimos, sus secretos más oscuros, sus debilidades y fortalezas. ¡A mi no me van a engañar así nomás!
Todos los días escucho sus pueriles y fantásticas historias: unicornios volando sobre sus cabezas, helicópteros de fuego queriendo atraparlos, voluptuosos súcubos invadiendo sus húmedas noches.
Estoy cansado de ser su psiquiatra, el Mesías que los va a liberar de sus tristes vidas distorsionadas hace tiempo; más me valiera jubilarme y dedicarme al ocio, a disfrutar de las pequeñas cosas cotidianas.
¡Maldición! Otra vez vienen hacía mi, tendré que seguir escuchando sus rutinarias anécdotas; me siento tan solo ¡cuándo acabará mi sufrimiento!
-Venga Doctor, lo necesitamos en el pabellón seis; traiga el maletín por favor.

El interno se alejó seguido de los enfermeros llevando en sus manos el viejo maletín hallado en un basural.


Liliana Varela 2008

jueves, 26 de junio de 2008

La despedida

Era viernes. Llevabas un pantalón de mezclilla vieja, la camisa de algodón a cuadros que te regalé y los cabellos sucios y revueltos. Habías llorado y yo no sabía porqué. Fumabas dejando una estela gris como constancia de tu desesperación. La música quedó atrás. Quise descansar mi cabeza en tu hombro pero separaste tu mundo del mío. Recuerdo la violencia de tus palabras, las manos encrespadas, la sequedad de tus labios cuando quise darte un beso. Te miré a los ojos y respondiste con el silencio más absoluto. Esa noche el árbol se despobló de sus hojas, los astros apagaron su luz en el leve rocío que nos envolvía. Oscureció para los dos. Te sentaste a la orilla de la ausencia y te despediste de mí. Llegó el final. Comprendí que todo terminaba: la vida en común, los amigos, la casa, los hijos. Esa sombra que se interpuso entre nosotros arrebató mi felicidad. Rompiste el pacto al amarlo. Sacaste del bolsillo el dictamen médico. Cuatro letras devastadoras. En la sentencia llevabas el pecado. Las hojas secaron tu cuerpo, eras naturaleza muerta.



Lady López, 2008.

http://ladylopez954 .blogspot. com/

domingo, 22 de junio de 2008

QUE DÍA FUE HOY


Tengo un problema con las fechas. Es, seguro, una enfermedad, o más bien una deficiencia neuronal, de las varias que me constituyen como ser humano, levemente mogoloide, insoportablemente vanidoso de las neuronas que, para mi bien o mal, definen mi inconducta particular que, mirándome de perfil, cualquier frenólogo o, con suerte, el mismo Lombroso, puede predecir y condenar.



Pero también hay un matiz filosófico (obviamente originado en la neurona filósófa) que, quién sabe por qué, se opone a que "hoy" tenga que ser datado, fichado ignominiosamente como a un recluso destinado al entierro en la celda del pasado, con un número, una fecha, bah, que lo diluye en el anonimato numerado.

El hoy vive plenamente, hoy es y punto, no "hoy es el día...". Me niego a macular la dignidad del día que vivo, que hoy llena el universo que es la vida que hoy la conocí, en el Banco al que ingresa a trabajar. Me impresiona, desde varios puntos de vista, no sé que tiene que me produce, un como si. Uno de estos días la encaro.

Alguien preguntará ¿cómo manejo el pasado? Que los historiadores operen con sus fichas fechadas, que los políticos manipulen las fechas que puedan invocarse como la pesada herencia que recibimos, que los poetas evoquen el día que. Para mi, el pasado pasó, no me interesa en qué fecha fue que lo enterré, en qué tumba está, cuantos días duró. No le pongo flores, no ocupo ni un minuto de mi hoy para disecarlo, abrirle las vísceras para determinar la causa de su muerte.

El pasado que aún vive está compuesto de mortales eternidades humanas. Dolores que se hunden y cortan y duelen y no mueren. Ilusiones que esperan eternamente un futuro que se haga realidad cotidiana. Rencores que mascullan sin pausas venganzas y reivindicaciones. Bellezas que inundan el alma y perviven eternamente, ahogan e iluminan. Amores, mágica alquimia de dolores, ilusiones y rencores, bellos y horribles, como una estrella titilando, a punto de nunca morir.

El pasado que aún no murió es hoy, unos días después, me le acerco y, con una voz cavernosa originada en las profundidades de mis bajos instintos, le alabo la espalda. Lombroso lo hubiera predicho, hice el ridículo de rigor, de entre la variada gama de frases ganadoras o al menos para asegurar el primer tanto, elijo mencionar la espalda. Pero es que me tiene loco; orgullosa, erecta, esa espalda va para estatua viva de diosa, el frente expande la majestad de la espalda, la mirada disuelve. De lo único que puedo envanecerme es que en la frase me muestro, además de estúpido, honesto. Cuando empiezo a retirarme, reptando ignominiosamente marcha atrás, me detiene un oh, gracias, que muestra que la diosa trastabilla, no tuvo tiempo para la usual respuesta preventiva, se queda esperando, su espalda y toda ella, sus ojos, ahora que la tengo de frente. Su feminidad me produce mareos. Digo una frase ingeniosa, ganadora, Su respuesta me reubica pigmeo. Ya está, ya caí. Ella se da cuenta, todas las mujeres se dan cuenta cuando pueden agregar una marca a su lista de víctimas.



Hoy la tiene loca el perrito que, en un rapto de inconciencia, ingresamos a la familia (estúpido, esposa, dos hijas, somos cuatro). A un perro, aunque tenga dos meses, hay que mostrarle firmeza y autoridad; un NO firme, mirada de juez de Suprema Corte. El noooohhh prolongado, angustioso de ella, esa huida precipitada, no ayuda, pero me encanta. El monstruo minúsculo, emergido del Averno canino sediento de víctimas y juegos, persigue esos piés, los que sostienen esa espalda de mármol eterno.



¿Cuándo pasó eso? Pasa. Hoy.





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Carlos Adalberto Fernández