domingo, 30 de noviembre de 2008

Vida mía

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¿Vida mía cómo he de conquistarte?

¡Qué debo hacer para que en mí te fijes?

Cuido el jardín de mis delicias para que te solaces en él, pero no te inmutas.

Mieles brotan de mi piel cuando mi mente te imagina.

Cómo he de retenerte si escapas como el aire que respiro

Doblegada, y sin embargo con saña me ignoras.

Los días se convierten en eternas noches y, tu sonrisa, adorable para otros, vuelta hacia mí es una mueca.

Quiero que me mires pero tus ojos me niegan el placer de su ardiente flama.

Campo yermo es mi vida sin ti.

Vida, si pudieras quererme aunque fuese un poco, un segundo siquiera, pero te vas en cada exhalación.

Está mi vida mermada a cada instante, los colores y matices del arco iris han desaparecido de espanto, todo murió de pena. El camino está lleno de escombros, y entre ellos, tirados por todas partes, los pedazos arrancados a mí ser.

Ese jardín que poseía todos los tonos del amor ahora solo le quedan el blanco de los días momificados y el negro de una eterna noche triste sin siquiera la luz de un cuarto de luna.

Quise oír tu voz, cálida, optimista, riendo con la alegría de las ideas claras y ágiles como tu cuerpo. La esperaba dándome energía, impulsando a mis sueños a tomar forma de luminosas estrellas que me guiaran a través del transitar de los días planos.

La vida y la muerte, cada una luchando su bocado. Hermanas siamesas, incomprendidas por muchos. Amada una, temida la otra, cuando son ellas su propio reflejo.

La Vida considerada adorable, supuesto sinónimo de realización de sueños. La muerte, temida, decapitadota de proyectos, abismo desde donde se suicidan las ideas.

Ah! Vida siento que te has ido sin siquiera entender mis ansias. Te había soñado cubriéndome, protegiéndome. Te he respirado y ese aliento me quemó de golpe. Fui por unos instantes llama atizada que estaba a punto de extinción, sin embargo, ahora… Ahora me siento encarnación de la misma "parca", siento que soy ella, soy uno con la muerte.

Mis ilusiones estiraron sus brazos para alcanzarte pero a zancadas francas huías como de un ser infecto. Tu hermana la muerte me enlazó en sus brazos secos y negros y con su manto cubrió a mí ser dolido.

Ahora siempre estoy con ella, soy ella, pues tu huida es para mí eterna muerte.
¿Veneno eras, Vida mía?


Ana Lucía Montoya Rendón

Amor platónico

Cuando el entomólogo dio por concluido su minucioso estudio de aquel extraño insecto ortóptero, nocturno y corredor, de unos tres centímetros de largo, cuerpo deprimido, aplanado, de color negro por encima y rojizo por debajo, alas y élitros rudimentarios, antenas filiformes, las seis patas casi iguales y el abdomen terminado por dos puntas articuladas, soltó su lupa sobre la mesa con gesto de satisfacción y se apresuró a coger los materiales precisos para proceder a la disección del mismo.



Sólo entonces, comprendió la pequeña cucaracha, que aquel galán de movimientos rápidos y color vítreo, húmedo y chispeante que parecía estar rodeado de albina aureola, bordeada de una corona de negros flecos, con quien había estado tratando de entablar conversación a través de un cristal durante más de 4 horas, había sido engullido por un gigante perverso que, celoso de sus ingenuos coqueteos, se disponía a abrirle el pecho para robarle la esencia de todos sus deseos y sentimientos.



Se despojó de todos sus aromas y se entregó a su destino sin la menor resistencia. Su único anhelo era reunirse con su platónico amor.


Lena

sábado, 29 de noviembre de 2008

DECIME PARA QUÉ


— Claro que me ubicás, gallego. Total no pasó tanto tiempo, unos cuantos años, pero no para olvidarse, ni aunque te convenga. Vuelvo como a mi casa, mi guarida, la vieja mesa que me cobijó sueños y escabios. No vengo a buscar pleito ni venganza. Quiero ver a los amigos que me queden, aunque sólo sea para compartir tragos y tangos, ya que no ilusiones, que, a nuestra edad, hay que ser muy gil para mantenerlas.

— Poneme un tango, gallego. De los que tenés, esos que te retuercen el fuelle por las tripas, que se arrastre y se estire y que me duela hasta que me suicide el alma. De esos que te regalé y que ponés -todavía ahora, seguro-, a escondidas, cuando te acordás de la gallega. Tomé frío, allá, y mastiqué rencores y me faltò tango. Aquí vuelvo, fracasado y hambriento como perro de baldío. Poneme un tango que me haga odiar y buscar pelea con la escoria amontonada en tu boliche, abrazado a un calor que no es de hogar sino de infierno. Hoy odio a todos, hasta a la vieja, casi. Ponene un tango resentido aún con la vieja, que me enseñó a perder, a soñar y esperar e ilusionarme, con qué decime, gallego. Si me dejó blandito, para cuando la Sofía me hizo el bocho.

Me engañó su voz,
su llorar de arrepentida sin perdón,
eras mujer, pensé en mi madre
y me clavé...

— Pensé mucho, allá. Porque esto no es nuevo, desde el Paraíso que entramos a perder, los varones digo. Por qué El Viejo nos hizo así, hombre-mujer, castigando de antemano, o haciéndonos sufrir para ganar el premio, que quién sabe si existe alguno. Pensé por qué. Ese Adán debió dar lástima, necesitado de compañía. "No es bueno que el hombre esté sólo"¿Para entretenerlo -debió decir la Eva- para que no se aburra?¿Y nada más, y yo con quién me entretengo? Y la hizo madre y le dió la manija. Porque ahí se equivocó el Anciano. ¿Entendiste, gallego? La hizo mujer y madre. Nos sentenció, gallego ¿Por qué no las hizo diferentes, la buena y la mala? ¿Por qué me hizo creerle, a la Sofía?.



Era mujer… Pensé en mi madre y me clavé.



— No, si el narigón se las sabía todas. Las sufrió todas. Pero claro, lo entendés tarde, cuando ya te crucificaron. Habría que enseñar Discépolo básico a todos los varones de 10 años. Pero no, escuela mixta, los agarran tiernitos, practican caritas y mohines, los entrenan en la culpa y el deber. ¿Por qué El Viejo le dió el gusto? Yo que sé. Hay misterios insondables pero qué culpa tenemos los hombres.

— Hoy la ví, a la Sofía. Me miró que fue como enterrarme en un iceberg. Pensar que me suplicó. "Sólo vos podes salvarme, Joaquín, estoy perdida". Ahora me tiró unos mangos, para ayudarme, dijo. La salvé, la liberé del cafiolo, unos años en cana y unos mangos para compensarme. Hizo negocio, se quedó con todo. Me quedaron ganas de visitar al finado, pedirle perdón.

— Haceme una picadita, gallego, manices, papitas. Tomar en ayunas cae mal. Te pone melancólico, te hace evocar el pasado, con ganas de volver ¿Adónde, decís?¿Es que hubo algo que justifique que la llore y la llame, que me diga que todo lo que pagué está bien pagado, si ella vuelve?. A veces pienso, gallego, que tiene que ser, que alguna vez… por un instante, ella… me quiso. ¿En qué fallé, gallego?¿Cómo destrocé sus sueños?¿Dónde está el bien, dónde está el mal?

— Me estoy volviendo loco, gallego. Me voy a mi rincón, me llevo la botella. Voy a ahogar en alcohol mis recuerdos y sueños y esperanzas. Si llama… ella, no le digas que estoy.

Carlos Adalberto Fernández

lunes, 24 de noviembre de 2008

"Ese día era felíz"

"Ese día era felíz" Se despertó temprano y entreabrió los ojos; pensó en seguir durmiendo pero recordó qué día era y con resignación decidió levantarse.
Un importante acontecimiento lo esperaba. Había citado a sus más grandes amigos en su casa, hacía tiempo que no disfrutaba con ellos –al menos no con todos juntos- y ese día lo haría nuevamente.
Por esas cosas extrañas de la vida y la conducta humana, todos sus amigos estaban peleados unos contra otros: ideologías, creencias, malentendidos, incluso hasta la posición en que debiera plegar las alas una mariposa al volar, habían sido motivos más que suficientes para crear rencillas.Él por su parte, ajeno a todo, intentaba conciliar las diferentes posturas, sin éxito alguno; chistes, halagos, obsequios –incluso hasta una curandera- no habían podido lograr la paz anhelada.Y como era lógico el disfrute de los amigos por separado sólo se limitaba a conversaciones quejosas de unos contra otros –sin descontar los celos, que era lo peor.
Por eso aquel día había sido una verdadera hazaña el juntarlos. Obviamente quién puede resistirse al pedido agónico de quién sabe que le quedan unos pocos meses de vida.Todos llegaron puntualmente y él los hizo pasar al garaje que estaba ambientado como sala de estar. Nadie hablaba con nadie: las miradas recelosas danzaban hacia los costados con la velocidad de la luz y existía un cuidado excesivo para no "rozar el aire" del otro.

Parecían estatuas en las que sólo los ojos se movían y sólo se oía algún que otro carraspeo.
Recién cuando estuvieron todos juntos él pudo sonreírles.-¡qué gran alegría es ver a todos juntos! me han dado una imagen que llevaré grabada en la retina hasta el final. Pidió que lo aguardasen unos minutos y se retiró cerrando la puerta con llave ante la mirada atónita y confundida de todos.
Salió de la casa; se subió al auto y manejó unas tres cuadras. Frenó y estacionó a un costado.Sacó de su bolsillo un aparato cuadrado, pequeño.
Una terrible explosión conmocionó el lugar haciendo estallar vidrios de casas y automóviles.-¿ eran tres meses o tres años para empezar a quedarme pelado? –pensó-

Le daba lo mismo: ese día era feliz.

Liliana Varela 2008.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Rott


Me llamo Rott... así me pusieron porque el veterinario que me curó dijo que tengo mezcla de Rottweiler, dice que tengo mas o menos 3 años y que soy muy sanito, también me dio todas las vacunas... les cuento mi historia:He tenido una buena familia que seguro me cuidaba muy bien, estaba gordito y con collar. Un mal día se me ocurrió pasear por el centro de morón y me distraje y fui atropellado por un colectivo, que me produjo un enorme corte en la boca, perdí varios dientes y rompió el tabique de mi nariz, dejándome la cara partida al medio. Asustado y tremendamente dolorido me quedé tirado en la calle por varias horas, los vendedores ambulantes me traían agua y comida pero nada podía tragar, igualmente les agradecía moviéndoles la cola y los conmoví a todos con este gesto. Una familia me recogió a la que le agradezco mucho y los adoro, me llevaron a la veterinaria en donde me operaron a las pocas horas y me hicieron las curaciones. La idea era que vaya a la casa durante los 15 días de cuidados post operación, pero fui tan noble que les dio lástima devolverme a la plaza de morón. Además cuando la puerta esta abierta no quiero irme y me escondo debajo de la mesa. El tiempo pasó y llevo casi un año con esta familia que me tienen en el fondo, solito porque hay otros animales en la casa y es poco el espacio. Tengo mucho amor para dar... no quiero volver a la calle, me arreglo con poquito, solo necesito mucho amor, les pido por favor que me lleven a una casita, soy muy bueno con lo niños y muy noble, nunca se arrepentirán si me llevan porque soy muy agradecido, se que es difícil que me elijan porque todos quieren cachorros y de raza, pero tampoco es imposible... porque yo soy un perro cuya raza es mas rara de encontrar... es la de haber sufrido y peleado por estar vivo. Y la generosidad que tuvieron conmigo es la que estoy dispuesto a devolverles con lealtad y compañerismo, manteniendo mi estilo pacífico y guardián.
Apúrense! porque estoy seguro que mas de una familia, si lo piensan bien, querrá incorporarme como uno de sus integrantes. Les dejo el tel de Sara que es quien me cuida, pero ya no puede tenerme mas y me esta buscando un hogar con desesperación. .. ella hablará por mi.
Tel: 4650-7316

Muchísimas gracias... seremos grandes amigos y muy felices juntos!!!

Long Ohni

lunes, 10 de noviembre de 2008

Triste escena

Poco más de 30 años en este matrimonio y Blas persigue a su mujer por
toda la casa, ella corre y se mete al dormitorio que fue de los hijos.
Blas furioso atraviesa paredes y la provoca, diciéndole: -Mujerzuela.
Teresa contesta:- Mujerzuela será la la mujer de la esquina, esa de la
avenida Arequipa. No jodas. El sigue bajándole la moral, con insultos.
No es la primera vez que ocurre una escena así, en las últimas semanas
de este año se ha repetido.

Teresa llora, se desespera. El se va a su dormitorio, al dormitorio
matrimonial. Ella lo sigue alterada, siguen las agresiones y Teresa
coloca una de las almohadas sobre el rostro de Blas. El permanece
impávido. No dice nada. Retira la almohada Teresa. Se siente
resquebrajada. Vuelve al dormitorio de los hijos, deja la puerta
entreabierta y guarda dos cuchillos en el cajón de ropa vieja.

Julia del Prado (Perú)

miércoles, 22 de octubre de 2008

Pericote y Pejereyna

Mientras continúa la vida Pericote - el payaso - sueña con el espectáculo que presentaba por diferentes países en el circo Perlas del Oro. Conoció ahí a la que sería su esposa Pejereyna, primero eran trapecistas y también contorsionistas, volaban por los aires. Con ellos estaban Picapote, Chicharrito y Butapecha, payasos que ridiculizaban sus acrobacias. En ese entonces los dos eran conocidos como Doncel y Princesa. El espectáculo era de primera - ambos - se lucían con esos ejercicios, figuras que en ocasiones eran mortales; menos mal abajo del trapecio había una red de protección aparente por si cayeran. En su profesión se hicieron conocidos y respetados.

Cuando se presentaban de contorsionistas - igualmente - trabajaban con audacia, alegría y riesgo. Hombre y mujer goma. Picapote, Chicharrito y Butapecha eran su comparsa, con mímicas y gestos.

Sucedió un día que Princesa (Pejerreyna) cayó en un descuido del trapecio, la red de protección le sirvió de poco, fracturándose la pierna izquierda en varios pedazos, la operaron, luego le pusieron yeso. Doncel (Picapote) se deprimió, no quiso subir al trapecio más y cuidaba de su Princesa, durante meses en una tiendita en la que vivían, dentro del circo. Jonás, el dueño del circo tuvo que poner a otros trapecistas y andaba mortificado porque el espectáculo de Princesa y Doncel, era inigualable. - Ya mejorarán con su arte estos trapecistas, todo es cuestión de exigencia y disciplina, dijo Jonás y agregó: - Deseo que pronto regresen Princesa y Doncel.

Apenas recobró energía y fuerza Princesa, los dos volvieron a la pista, con disfraces: él con una peluca vieja y un abrigo pasado de moda puesto al revés; ella eran tan bonita que para disimular su hermosura, se puso un vestido largo y amplio, sin corte al talle y se echó harto rimel en las pestañas. Le darían una sorpresa a Jonás, quién no sabía nada de la mejoría de la artista.

- Jonás no nos reconocerá, ya verás Princesa.

Hacia media función el dueño del circo les dio una palmada en la espalda y abruptamente - ambos - resbalaron en la pista. - Mira al público mujer, nos aplauden, se han parado, es una ovación, así se expresa con la voz agitada por la repentina caída nuestro bufón.

Este acto se repitió una y otra vez en el circo Perlas de Oro. En adelante los asistentes al circo estaban estupefactos y sorprendidos por sus proezas. Y ellos para siempre se convirtieron en Pericote y Pejerreyna, los payasos mayores.

Pericote era un payaso desaliñado, descachalandrado, conservó la misma vestimenta y su rostro lo maquilló de blanco y cejas pobladas mientras Pejereyna vestía con vestido corto, pegado a su linda figura, medias nylon blancas y eso sí: zapatos enormes y una redonda nariz roja, con guantes blancos.

Otro número, era aparecer con un chanchito que se llamaba Gordon, lo adiestraron y él se lanzaba de un paracaídas con un globo amarrado a su lomo. La concurrencia vibraba. Picapote, Chicharrito y Butapecha - que no siempre los acompañaban- tocaban el clarinete y el saxofón, complementando esta farsa, con gracia.

En una ocasión Pejereyna que era también domadora de delfines, invitó a niños del público a jugar con el delfín Tamborhuasca, entre ellos estaba el hijo del dueño de Jonás: Juan Ramón quién cabalgó en el dorso del delfín sin temor. La payasa los guiaba en la piscina, dándoles seguridad.

El olor del despertar venía para ellos. Eran felices en su ser de payasos, encontraron recompensas, arrancaron sonrisas y diálogos de humor con diferentes públicos, en diversos ciudades del mundo. Esto no hubiera sido así si se hubieran quedado de trapecistas y contorsionistas, paradojas de la vida.

Pasaron los años y un día -ya cansados - se retiraron del circo Perlas de Oro.

- Hicimos casi toda nuestra vida en el circo, estamos plenos de anécdotas para contar a nuestros amigos. Dios no nos premio con hijos mujer, ahora tenemos nuestra casita de campo, con nuestros animales.

Pejereyna aparenta no escucharlo. - Tu-tutuú les dice al gallo, a las gallinas y a los pollitos mientras les da de comer sus granos y les cambia su agua en el patio de su hogar. Luego los mete en su amplia jaula.

- Voy a cocinar amor, para nosotros.

Pericote tiene ya 75 años, es un hombre fuerte y Pejereyna es un tanto menor. Viejos bufones que robaron carcajadas. Los aplausos de las personas muchas veces de pie y el escenario lleno resuenan en mis oídos y viven en mis pupilas, recuerda en voz alta Pericote.

Julia del Prado (Perú)

20 octubre del 2008.

sábado, 18 de octubre de 2008

3.- LA REAPARICIÓN DEL SUMIDERO

Había que darse prisa en organizar el acto de entrega de la Bellota de Oro. El tiempo volaba camino de la fecha electoral y no era cuestión de que los cuatro chavos que había costado la dichosa bellota se fueran al garete.

El mismísimo hijo del señor Alcalde se encontraba desarmado ante el entusiasmo que su progenitor mostraba en defensa de la naturaleza. ¿Habrían tomado conciencia los poderes públicos bermejinos de lo que significaban para el pueblo aquellos parajes, pulmón de media provincia y fuente de alimentación de la colonia porcina más valiosa de los contornos? Sólo don Guido, el contratista de obras, osaba mostrar su profunda y "desinteresada" disconformidad con aquel capricho municipal. ¿Serán capaces esos desgraciados munícipes de olvidar viejos favores y poner freno a mi novísimo proyecto de urbanizar parte del parque natural que rodea el pueblo? Pensó, ¿acaso no hay decenas de miles de árboles por los alrededores? ¿Qué más da borrar del bosque cuarenta o cincuenta hectáreas? Estos y otros interrogantes similares tamborilearon su cabeza durante aquellas fechas.

En mi deseo de que nada quede oculto, diré que, por motivos completamente distintos, también los cerdos de Frasquito mostraban cierto temor ante aquel espíritu festivo que se respiraba en el pueblo. Los inocentes animales sentían un pavor escénico difícil de disimular. ¿Acaso se acercaba una festividad ignorada por ellos? El invierno, y con él el tiempo de la matanza, estaba aún algo lejano, pero esta gente de pueblo es, muchas veces, imprevisible, pensaba el semental de la piara. Y aunque él tenía una cierta garantía de supervivencia, nunca se sabe, cuando cambian las circunstancias, qué caprichos podían merodear por la mente de aquellos aldeanos. El buen marrano ya había visto coqueteando con más de una cochina a un jovenzuelo retozón y mucho se temía que, cuando menos lo esperase, podían pintar bastos para él…

En las fechas previas a la entrega del preciado galardón don Pascual se hizo presente en Villabermeja. Tres días llevaba en el pueblo. Y lo que resultó más alarmante para los cochinos fue su interés por acompañar a Frasquito cada mañana. Largas horas se tiraban los dos, al pie de una encina, departiendo e intercambiando ideas y experiencias.

Aunque el lenguaje humano resulta demasiado enrevesado, y bien sabían aquellos animales de la falsía de muchas de sus palabras, algo pareció indicar a los cerdos más observadores que, en aquel caso, no eran ellos el tema central de las conversaciones. Don Pascual tomaba entre sus manos una y otra vez algunas de las bellotas caídas en el suelo, y después de manosearlas y darles veinte vueltas, clavaba su mirada en el rostro de Frasquito. Éste, como si le hubiesen dado cuerda, correspondía con una larga perorata que dejaba embobado al ínclito profesor.

El último de aquellos días cambió por completo la rutina diaria, Frasquito, ayudado por don Pascual, llenó de bellotas un saco de considerables dimensiones. Luego, más temprano que de costumbre, emprendieron el camino de vuelta a casa. Afortunadamente, al llegar a su pocilga, el amo debió adivinar que los cerdos aún tenían bastante hambre, pues antes de cerrar la puerta vació en un rincón la mayor parte del contenido de aquel saco y, acariciando el lomo de un par de cochinos, salió acompañado de su visitante.

Una hora más tarde, Frasquito, después de ducharse, vestido con el traje de novio, recién afeitado y limpio como el alma de un niño de pecho, se encaminó, acompañado de su esposa, al Salón de Actos del Círculo de Labradores. Allí recibiría la primera Bellota de Oro en reconocimiento a su inmensa labor en pro del medio natural bermejino. Cuando llegó, un latigazo de orgullo le subió desde el estómago tiñendo su rostro de un rojo sólo comparable al que experimentó el día que salió de la escuela por última vez; el día del "sumidero", concretamente.

Allí estaba el señor alcalde, don Pascual, el Presidente del Círculo de Labradores, un cámara de la televisión local, y dos periodistas venidos de la capital para dar testimonio de tan singular acto. El Presidente del Círculo se adelantó a la puerta del salón de actos. Tras el saludo protocolario, acompañados de un sonoro aplauso, ambos subieron al estrado donde esperaban el resto de las personalidades.

Frasquito nunca se había visto en nada igual, sentado en la presidencia de la mesa, rodeado de los prohombres más señeros del pueblo, se sentía como gallina en corral ajeno. Tras la presentación del acto por parte del Secretario del Círculo de Labradores, éste cedió la palabra al señor Presidente de la Comisión Cultural del Medio Ambiente:

-Don Pascual López de la Encina y Pérez del Olivo, Catedrático de Medio Ambiente, ilustre bermejino que, desde este momento, comienza a perfilarse como el próximo adjudicatario de la segunda Bellota de Oro, tiene la palabra -dijo.

-Dignísimas autoridades, queridos paisanos y amigos. Hace muchos años que, por obvios motivos, me vi obligado a abandonar nuestros hermosos e inigualables paisajes bermejinos…

Durante media hora don Pascual estuvo desgranando las bondades y maravillas de Villabermeja y su entorno. Yo, bermejino como el que más, he de confesar que comparto sus palabras una por una; pero le hago gracia, amigo lector, de repetirlas aquí. Visite usted nuestro pueblo cuando tenga a bien y comprobará por sí mismo los múltiples valores que guarda mi patria chica.

Por fin, después de un panegírico dirigido más a la prensa y a la televisión que al público presente, don Pascual entró en el meollo de la cuestión:

-… Y así, podemos afirmar que, gracias a su labor durante años en los montes de nuestra villa, don Francisco Labrador de Isidro, Frasquito para los paisanos y amigos, se ha constituido en paladín y ejemplo de lo que un hombre, un solo hombre, es capaz de hacer en pro del medio natural que nos rodea. Cientos de horas investigué sobre la contaminación hasta concluir la imponderable aportación de los sumideros naturales a la conservación de la madre naturaleza. Mientras, aquí, en Villabermeja, él, él solo, y sin más medios que cuatro herramientas, ha sido capaz de demostrar el acierto de mis investigaciones al implantar en nuestra tierra amada los innumerables sumideros naturales de CO2 que hoy crecen por doquier en los montes que nos rodean.

Aquello fue como un golpe en su bajo vientre. Cuando Frasquito se veía en la cumbre de la fama y, por consiguiente, invitado a mil y una rondas en Casa Blas, de nuevo la palabra maldita hacía acto de presencia. Él, que posiblemente había dado vida a miles de árboles a lo largo de su existencia, él, que pensó ser merecedor de la Bellota de Oro precisamente por su valiosísima defensa del entorno forestal se encontró con un premio concedido por "implantar innumerables sumideros naturales". ¿Aquellas hermosas encinas, envidia de los miles de marranos que cada año pastaban por allí iba a resultar ahora que eran meros "sumideros naturales"?

Aún más, recordando sus tiempos de servicio militar, le vinieron al recuerdo los aromas de las calles de Sevilla en primavera, cuando el azahar se adueña de sus tibias madrugadas penetrando hasta el último rincón de la ciudad. Pues ahora resultaba que aquellos naranjos, esencias de Sevilla desde tiempo inmemorial no eran sino vulgares "sumideros naturales".

Hasta aquí podíamos llegar, pensó. Solemnemente se levantó, tomó en sus manos la dichosa medallita y, acallando el aplauso que en ese momento le dedicaba el respetable púbico asistente, la devolvió dignamente al señor alcalde. Luego abandonó el estrado mientras, con un vozarrón propio de aquellos pulmones que sólo habían respirado en su vida el aire purísimo fabricado por sus mimados "sumideros naturales", se despedía de esta manera:

-Señor don Pascual, por mucho que te empeñes, toda tu vida serás el tonto de Pascualín. A ver si te enteras de una vez de lo que se dice por el pueblo: "cuando el dinero habla, todos callan". Y el dinero de tu padre habló como una cotorra. Lástima que no llegase para "implantarte" un cerebro nuevo, que si no… hasta pensarías. Ah y nada de "implantar sumideros". Este servidor que te habla no es aficionado a meterse en camisa de once varas, como otros que yo me sé, y sólo hace lo que sabe: plantar árboles. ¡¡¡PLANTAR ÁRBOLES!!!


EPÍLOGO

Raudales de palabras altisonantes y una ostentación pública de filantropía son las señas de identidad de una época exhibicionista que se finge magnánima.

(Albert Boadella)


Manuel Cubero
Manolo

miércoles, 15 de octubre de 2008

Libre del Purgatorio.

Había pagado por su crimen; se consideraba ya totalmente libre de culpa y cargo.

¿Qué podían achacarle ahora aquellos que antes lo señalaban con el índice en alto?

Aquellos mismos que se llenaban la boca hablando de los pecados de los demás sin detenerse a pensar en todos los artilugios que debían realizar para ocultar sus propios malos pasos.

¡No importaba ya!

Dijeran lo que dijeran, él se consideraba indiferente a los chismes.

De algo estaba seguro: ya no iría al Purgatorio.

El mismo cura se lo había confirmado aquella mañana al darle la comunión; el mismo sacerdote que lo había encontrado días atrás, totalmente ebrio y orinando el misal.



Liliana Varela 2008

jueves, 9 de octubre de 2008

Crónica de la violencia V

Espero que el perro no raspe más la puerta, no voy a dejarlo entrar. Parece que supiera lo que tengo adentro mío.

Estoy tranquila, lo saqué a pasear con su correa y lo llevé por todos lados; él intuyó que era algo así como la despedida.

¡ya tendrá un dueño mejor que yo!



Gritos otra vez ¡qué raro! mis viejos peleando con mi hermano como siempre, tratando que dejé de drogarse y de vender merca por todos lados.

¡Giles totales! ¡como si fuese a pasar!

Menos mal que tengo esta pieza para mí sola sino creo que reventaría.

Gracias a la loquera me dejan en paz y no me joden mucho; la última vez les dijo que si me presionaban iba a mandarme alguna locura; al menos la mina para eso sirvió porque lo que es para hacerme sentir mejor: nada de nada.

Ellos piensan que el problema es que soy adoptada; que me enteré de grande; que estoy en la “búsqueda de mi identidad real” ¡cómo si fuese ese el problema!

¿Qué carajo saben lo que me pasa por dentro?.

Y si supieran ¿les importaría algo? No creo, Jamás se preocuparon de nada de lo mío.

Acaso ¿saben que me corto con cuchillos o trinchetas cuando me siento mal, cuando pienso que soy una mierda? ¿se enteraron que me corté el pelo en un ataque de locura total porque no aguanto mirarme al espejo ó que mis dibujos son todos sobre la tumba en que quiero “vivir”?

¡No saben nada…ni les importa!

Total, la edad es justificativo para todo. ¡Dejá a la pendeja de mierda que no venga a comer si no quiere! “Está loca..¿no oíste lo que te dijo la psiquiatra?”

Esas son sus frases favoritas; por eso ahora ni vinieron a decirme que está la comida, ellos saben que sino fui es porque no quiero comer. ¡Mejor así, la despedida será más fácil todavía!

¡Tantas veces escribí mi obituario en los cuadernos que tengo! ¡Tantas veces soñé mirando desde esta ventana convertirme en pájaro y volar! ¡Sacarme de encima esta sensación de porquería de estar como encerrada en mi misma, odiándome y dándome asco!

¡Hasta la pared marqué con mi deseo!

¡Si pudiese ser libre de una vez por todas, sentirme bien conmigo misma! Desplegar las alas y elevarme; abandonar este lugar de mierda y soñar.

¡Sentirme en paz!

Dieciséis pisos y la libertad.

-¿no vino a comer Eugenia?¿Estará bien?

-Dejála, dijo que iba a dormir temprano para ver si se podía sentir mejor mañana ¡cómo si fuera posible!. Mejor vamos a ver tele.


Dieciséis pisos más abajo, Eugenia yacía ojos al cielo…dormida y en paz.


Liliana Varela2008