viernes, 6 de enero de 2012

La hidra y el pecesito verde




Había una vez un pecesito verde que hacía las delicias en sus juegos con los niños hasta que un día se entrometió una hidra que se posó en él para destruirlo
Esto  enojó mucho a Hércules al enterarse de esta afrenta y le dió poderes al pecesito verde para que congele a la hidra, sin miramientos cumplió con el encargo del héroe.
Desde entonces las cabezas de esta serpiente no se reproducen mas,  el pecesito verde se liberó y enseñó a los niños nuevos juegos, pero sobre todo el de tiro al arco.

Julia del Prado (Perú).
9 dic. del 2011.

miércoles, 4 de enero de 2012

El idiota y el relojero




¿Cómo se te puede acercar un relojero?, nunca pretendí que pasara, pero hoy en la mañana al salir de entre un concepto, uno estaba sentado esperando en la imagen compartida, escrupulosamente observaba su reloj, el señor tenía el tamaño de un niño, no alcanzaba el piso con los pies, la ropa parecía le estorbaba entre el saco de pana y su pantalón de poliéster café lleno de parches, estos últimos perecían encajados en la piel, y fue que con el rostro lleno de rugosidades me pregunto la hora, sin esperar la respuesta reviro con sus anteojos al reloj de arena que traía en las manos.

Construí una pausa con el aire, dibuje con el aliento un despertar bostezado, y con lo que sobraba de la situación le dije: -no cargo con un reloj-, y serio, fue que me miro sin ademanes, y con una ominosa altivez respondió: -como es posible, sí los relojes son para las decisiones del tiempo, ¿tu que haces para decidir?-, y mire hacia arriba, una parvada de sueños picoteaba una nube convexa reflejando la vida para todos lados, y le comente: -el tiempo no lo ocupo para decisiones, la obsesión se me queda en el pensar escribiendo y ahí no existen relojes.-, y fue que de un brinco empezó a caminar encorvado, se recargo en mi cintura y vi que sus rizos de color rojizo le llegaban al cuello, miraba al piso esperando alguna explicación, me vio a través de su reloj de arena, y dijo: - ¿entonces crees que le tiempo es una obsesión para los demás?-.

Me quite el sombrero para que el viento refrescara la siguiente idea, y seguí: -el tiempo encerrado en un reloj puede quitarte en un solo segundo toda una historia completa, veo es una obsesión que no me compete, ya que no podría escribir con lo que me sobrará de cada segundo-.

El relojero con otro salto dejo de lado a la duda, tomó arena que le sobraba en las bolsas del saco, abrió la boca, degusto la arena de la mano, y se continuo: -¿escribir? no hay peor mal que no utilizar el reloj para avanzar, es como no saber que la decisión que tomes en el presente, ha de venir de tu pasado inmediato, para que así te puedas construir en el futuro. Como verás la arena y las palabras no lo pueden percibir, nosotros sí, aprovéchalo que es un regalo divino-.

Me quite el orgullo que me salpico y le dije: -sí el reloj en el tiempo es para construir regalos divinos de consciencia ¿dónde queda lo demás?, esto que no ves, pero percibes en el final, esto que hueles y se esparce a lo que eres, esto que sientes y que no juzgas, esto que se muda en palabra y que nadie detiene, ahí el reloj parece que no puede pedirse permiso, ya que podría resultar ser un vehículo irreverente para ir tropezando en el infinito-.

Me puse en un contexto que me regaló el momento, ya me había colocado en la seriedad, empecé a escribir en el pensar y le dije: - veo entonces que sí existiera un reloj para los principios y finales, usted no necesitaría del tiempo-. Entonces no dijo nada el relojero.

Le pedí su reloj de arena, él algo perturbado me lo dio, sin pensar lo tiré al piso y esté se rompió, el relojero se tomo de los cabellos y grito. – ¡Sí serás idiota, ese reloj me lo regalo el destino!-. El relojero se dio la vuelta corriendo con encono, y sin importarme empecé a juntar la arena en el piso. En la arena dibuje un caracol que al final se juntaba con el principio.

Vocifere para que me escuchara el relojero: - Sí el reloj te lo regalo el destino es para que el caracol en la arena te diera un principio y un final, he aquí el don que nos da el instante, el tiempo es para estar nada más, si lo encierras, esté te puede atrapar-.

El relojero se alejo en el imaginario, el viento sin palabras se llevo al caracol, y yo me quede enclavado en este final del principio, pero veo que me continuo escribiendo… siempre me pasa, es por no usar reloj.

Andrés V. Elizondo

viernes, 21 de octubre de 2011

TRITÓN, EL DUENDECILLO DEL BOSQUE ENCANTADO. CUENTO


El geniecillo estaba dormido
bajo la seta roja
del bosque encantado,
lleva día y noche
en ese estado;

todos los habitantes
están alarmados,
a su alrededor
cuchichean asombrados:

¿Que le pasaría?
¿ Que le está pasando ?
cuando todo en él
era luz y encanto,
siempre con su flauta
tocando, cantando, bailando...
alegrando la vida
del Bosque Encantado.

Rabit,
el conejito blanco,
pregunta al señor del Bosque,
al sabio y viejo Baobab:

Señor,

¿ se nos está muriendo?
¿ tú sabes algo?.

Desde mi altura he observado que,
el geniecillo se adentraba
en el país del hombre,
desde entonces está dormido y callado;

dile al Hada Mariposa
que vuele frente a su rostro
para abanicarle,
sacarle de ese sopor
y que cuente la historia
de su desaparición.

El Hada Mariposa
muy tranquila
acede a la petición,
con sus alas,de arco iris,
abanica al pobre geniecillo
apodado Tritón,
por su destreza nadando
por el fondo del Lago Azul;

abre los ojos, se despereza,
de un salto se sienta en la hierba,
¿hay asamblea?
tenéis la cara tan blanca
como Luna en noche estrellada.

Locos de contentos
los habitantes.....
les rueda por sus mejillas
lágrimas de alegría.....
todos preguntan a coro:

¿Donde estuviste?
¿ Que te pasó?
¿Por qué duermes tanto?

Tritón se siente importante
ante tanta atención
y muy parsimonioso
a todos manda callar....

con suave voz,
les narra la historia
que en el mundo del hombre vivió:

He pasado al otro lado
lo he visto todo,
gracias a mi estatura
me escabullí entre gente,
animales y cosas
que no sé describir;

no me gustó nada,
el ruido me ensordecía,
cuando toqué mi flauta
nadie se enteró,
andaban a pasos largos, aprisa
sin tan siquiera saludar;

el calor era espantoso,
me asfixiaba,
en mi garganta
se había metido una nube
de malos mosquitos
que no pude expulsar,
me picaban y picaban,
no me dejaban en paz;

no había hierba,
el suelo era duro y desigual,
los monstruos
me querían aplastar,
se engullían a los hombres
sin más.....

En un momento de emoción
me agarré al pantalón
de un hombrón
y el monstruo hambriento
nos engulló a los dos;

después de gran movimiento
en su interior
abrió su abdomen,
salimos los dos,
yo agarrado al pantalón,
seguí agarrado para mas
seguridad.....
el hombrón se adentro
en una cueva alta,
como el señor Baobab,
llena de agujeros,
tapados unos
con tela de araña
dura y transparente....
los otros restantes,
también tapados con algo duro,
impenetrable con la vista,
como cuerpo de Baobab.

En unas fuentes, muy raras,
por unos canales salía agua
cuando el hombre quería,
allí se bañaba;

se acostaba en una cosa rara,
no era hierba, no era musgo,
no eran flores, olía mal.

En la cueva del hombre
había pequeños monstruos:

Unos hablanban, cantaban
hacían ruidos extraños;
otros hablaban con el hombre
cuando se lo ponía en la oreja;

había un monstruo
que se comía la ropa sucia
y luego la expulsaba limpia.

El mundo del hombre es muy raro,
pasé miedo, pasé hambre....
y en cuanto el hombrón se dispuso
a salir.....
me agarré nuevamente a su pantalón
para huir de tan maligno lugar
y volver a mi bosque de amor.

Una vez me vi fuera de tan horrenda cueva,
agudicé el ingenio
para encontrar el camino de vuelta,
no me fue fácil,
ya que los obstáculos a sortear
eran superiores a mí,
estaba agotado, no podía más....
miré a mi alrededor
una pequeña cueva vi,
pero no como la del hombrón,
parecida a las nuestras,
hacia ella me encaminé,
ya me disponía a entrar
cuando una voz me detuvo...

¡Eh, tú!,¿ qué vas hacer ?
esta es mi casa,
(¿Así que se llamaba casa?

El que así me increpaba
era un ser diminuto,
casi como yo,
no veía muy bien
y tenía cuatro patas y pelo,
parecido a Rabí,

anda, pasa, me dijo;

me adentré en aquella cueva-casa,
una vez dentro no se estaba mal,
me dormí sobre lecho de hierba seca,
cuando descansé,
el señor de la morada
me invitó a comer con él,
mientras comíamos se me presentó:

Me llamo Topo Cegón 1º
soy dueño de esta casa
y todos los corredores
que en ella hay.
Tú ¿ de donde vienes?
nunca había visto un hombre tan pequeño.

Me llaman Tritón
y vivo en el Bosque Encantado,
el que está al otro lado
del mundo del hombre,
¿sabes? estoy triste
y apesadumbrado
por haber marchado sin decir palabra
a todos mis amigos y me encuentro
despistado,
no se a cuanto tiempo
me encuentro de mi bosque....
yo sé algo de eso, no te preocupes,
me contesta, yo te ayudaré;
después de varias caminatas
por las galerías de la casa
de mi amigo.....
he llegado tan cansado
que dormido me he quedado.

Os pido perdón, mis amigos
por mi marcha sin avisaros,
agradeciéndoos tanto cariño
que me habéis demostrado,
apesadumbrado estoy, avergonzado,
perdonad no soy un descastado,
solamente un presuntuoso aventurero
que creyó comerse al mundo
sin vuestro abrazo.

Nuestro bosque es lo que cuenta,
naturaleza viva, incomparable
a ese mundo del hombre
ruidoso, contaminante....
cuidemos nuestro bosque,
que naturaleza impere
en vivencia palpitante,
por nuestra supervivencia
y la de ese hombre, errante....

Los animalitos, plantas, árboles...
hasta el lago, aplaudieron el mensaje....
de TRITÓN.






Leonor Rodríguez Rguez.

¡DON NICOLÁS QUE NOS LA DAS!

Aquella mañana la tertulia del casino de mi pueblo estuvo más animada de lo normal. Don Nicolás, a quien ya supongo que conocen ustedes de otras historias de Villabermeja traídas por aquí, había bajado del cortijo a arreglar algunos asuntillos pendientes en el ayuntamiento.
Como es normal por estos pagos, la mesa que suelen ocupar los señores agricultores está situada en lugar privilegiado: junto a la ventana situada frente a la entrada del mercado.
-Buenos paisajes –solía afirmar Don Nicolás.
La frase iba acompañada de una sonrisilla libidinosa provocada por la zagala de turno que, cesta al brazo, pasaba en ese preciso momento camino de la compra diaria. Era entonces cuando, por una vez al día, don Nicolás sentía hervir por sus venas una sangre desvaída que, en el resto de la jornada sólo encontraba en la horchata su más cercano elemento de comparación.
Esta mesa, como puedes adivinar, amigo lector, es testigo privilegiado de todos los aconteceres locales y nacionales. Aquella mañana pasaron por ella varios de los temas humanos y divinos de más rabiosa actualidad. Ésta, contemplada desde aquellas mentes privilegiadas por la diosa Fortuna, que no por la sabiduría, era vapuleada con toda la fuerza de que son capaces unas cabezas expuestas miles de horas al sol.
Y como una cosa es predicar y otra dar trigo. Al hablar de temas económicos la sangre se le subía a la cabeza a don Nicolás en menos que canta un gallo. Así que nuestro amigo, cuando llegó la dolorosa –le tocaba pagar la ronda-, allá que soltó su perorata. Que para eso llevaba rumiándola más de dos semanas. Desde su última trompa en el casino, para ser exactos.
-Si yo, viejo agricultor andaluz, les dijera que el señor Pascual, el catalán ese canoso y de ojitos tipo puñalada trapera, me cae bien…
-¿El rojo ese? –preguntó don José Antonio, más próximo a los principios fundamentales del movimiento y a aquello de que somos una unidad de destino en lo universal que a cualquiera de las veleidades autonómicas que nos regaló la democracia.
-Bien que lo bautizó su padre con ese nombre, don José Antonio –interrumpió irónico el señor Concejal de Hacienda, que por mor de su cargo, y a pesar de ser de izquierdas, era admitido en la tertulia con profundo pesar de más de uno.
-Pues sí señores. Me cae bien y, además, me da en la nariz que es de los pocos políticos sensatos que hay. Lo que pasa es que la gente siempre anda buscando tres pies al gato. Y así, claro está, nos va como nos va.
En aquel momento no se produjo una revolución nacional-sindicalista sobre la marcha porque, al fin y al cabo, quien más, quien menos, tenía sus trampillas con don Nicolás y no era cuestión de despertar sus instintos recaudatorios. Así que amigos y deudos prefirieron morderse la lengua en aras de seguir ocultando más de una conducta poco ejemplar. Que más de una vez los malos humos de don Nicolás se habían destapado sacando a relucir, a plena luz del día, las deudas de sus contertulios. Y como algunas procedían de cercanas noches de picos pardos en la capital, no era cuestión de que brillasen en todo su esplendor ante oídos que más parecían lenguas viperinas propias de la prensa del corazón, ustedes me entienden. Que las parientas son las parientas y una canita al aire no tiene por qué volar más de lo debido…
-¿Y dice usted que le cae bien un tipo que, además de rojo, es nacionalista? –insistió incrédulo don José Antonio.
-Verán ustedes, resulta que hay gente que lo único que quiere es sacarnos los cuartos, gente que vive del cuento sin dar un palo al agua y luego viene protestando porque quiere más, y más, y más... vaya, que no se hartan ni en un verde, como decimos por el pueblo.
-Hombre, visto así… -concedió don Domingo, famoso en la villa por tener el puño más apretado que los dientes de un tigre sobre una tierna gacelilla.
-Pues bien mirado, lo mismo dice el señor Pascual –continuó don Nicolás-. ¿Que ellos son más ricos que los demás? Pues para eso han conseguido que miles de andaluces y extremeños se largaran para allá cuando aquí, nosotros, con visión de futuro, invertimos nuestros capitales en empresas radicadas en Cataluña. ¿O no?
-Dinero llama a dinero, don Nicolás –concedió, aunque a regañadientes, don José Antonio.
-Ahí le duele al gobierno –se envalentonó nuestro cacique-. Miren ustedes, yo vivo de mi cortijo y de unas faneguillas de tierra de nada. Y entre lo que saco de los olivitos, el monte bajo y el secano me costeo el lujo de decir que no necesito nada de nada. Entonces… ¿a cuento de qué tengo que pagar impuestos?
Como de criticar al gobierno se trataba -deporte nacional por excelencia que todos dominamos y practicamos-, la unanimidad amenazaba con hacer de aquella la más aburrida de las tertulias.
-Bien dicho, don Nicolás. Que ya está bien de tanto paro y de tanta educación para esa gente –olvidó don José Antonio las veleidades pro-catalanistas de su amigo mientras señalaba al líder local del Sindicato de Obreros del Campo, que tuvo la desgracia de pasar por allí en ese momento.
-Que luego –ratificó don Domingo-, aprenden a leer y escribir y lo primero que se les ocurre es hablar de aumento salarial, de convenios y de toda esa parafernalia que nos ha traído la democracia.
-Pues lo mismo pensará don Pascual, pienso yo –continuó don Nicolás su marcha triunfal-. Que cada perro se lama su herida. Y a quien Dios se la dé, san Pedro se la bendiga, que ya lo dice el refrán.
-Menos impuestos y más trabajar –ratificó don José Antonio-. Que ya lo he dicho miles de veces: con tanta democracia se fusila poco en este país.
En ese preciso instante, el reloj de las casas consistoriales sonó anunciando las dos de la tarde. Aquellas campanadas resonaron en las cavidades del cerebro de don Nicolás despertando alguna de las neuronas que deambulaban por aquellos vírgenes prados. Miró su reloj y, momentos después, le llegó limpia, sonora y elocuente una voz familiar:
-Don Nicolás, antes de cerrar las dependencias municipales, a ver si tiene usted tiempo de llegarse un momento por la Secretaría del Ayuntamiento –invitó el señor Concejal de Hacienda con su mejor voluntad.
-A pagar más impuestos ¿no?
-Pues no señor. Se trata de que hay que completar unos datos para la solicitud de algunas subvenciones que tiene pendientes de cobrar. Que con las ayudas de la Comunidad Europea por sus tierras de olivar, más las que recibe por colocar paneles solares en el señorío, más lo último que le han dado en el Ministerio de Agricultura por los olivos que secaron las heladas de este invierno… algún documento se debió traspapelar –explicó no sin cierto sonsonete cargado de ironía…
-¿Quién habló, que la casa honró? –la frase vino de una mesa cercana. Un viejo médico de cabecera, conocido por su republicanismo histórico, sonreía ladinamente mirando al techo mientras concluyó-: que ya lo dice el pueblo: la avaricia es como el fuego, cuando más leña se pone, más arde.
Dicen que don Nicolás estuvo más de dos meses sin pisar el casino local.



Manuel Cubero

jueves, 10 de marzo de 2011

Viajaremos de la mano.

Cuando todo deje de ser eterno a los ojos, cuando llegue el momento de ver la realidad. Volaremos hacia el infinito para hacernos invisibles al mundo, para vivir nuestro presente.
Viajaremos de la mano y a escondidas, olvidaremos la tristeza en un rincón y empezaremos de nuevo. Nuestro espacio frio dejará de serlo, y seremos como el viento que viene y va.
Me colgaré de tus ojos llenos de primavera, encontraremos las huellas de un destino hasta ahora oculto, seguiremos el sendero rumbo a nuestro cielo y nos fundiremos con las nubes para ver la vida pasar, lejos de todo, con la única compañia de nuestros sueños.


Erika Martínez Rodríguez

sábado, 6 de noviembre de 2010

EMPAREDADA

eran muchos. todos vestidos de blanco. dijeron debía olvidar todo concepto de ensoñaciones, de ideas, de planes. exigieron no elaborar proyectos. no era necesario esmerarse en crear un mundo nuevo. dejar correr el agua. dejarla ir cima abajo. quedarse viéndola caer sobre el valle, sutil como velo de novia. saberla deslizándose sobre una superficie que aunque rugosa se dejaba vencer por el ímpetu del alma de los líquidos. así con el poder de ese agua se disolvían las noches y con ellas la necesidad de sentir el sereno. quedaba como campo arrasado la capacidad de ser. si, ese día sabía que algo de su entorno había cambiado. las sensaciones de calor y de color no aparecieron más. solo veía desfilar ante sus ojos un proceso acelerado de pérdida. todo lo que se movía se hizo parte del mobiliario. todo quedó fijo como una fotografía, solo que ésta estaba en 3D y el tono sepia le hablada de la muerte acercándose en picada sobre ella y todo lo que quisiera anhelar. en la habitación estaban el soporte para las bolsas de suero, la silla para el visitante, la mesa de comedor, el tarro para la ropa sucia, las canecas para la basura regular, el pote rojo para la basura de riesgo, la cama enfermera, una mesa de noche, un teléfono, un televisor, el cuarto de baño, las bolsas de los fluidos de la orina expulsada por la uretra y del drene sangroso del riñón derecho. viendo todo eso, dio un portazo y se largó o flotó. ni supo.

- sabe cómo se siente la congelación de la vida entre dos mundos?- preguntó con voz cansada, mirando por la ventana las pintas de rojos, amarillos, verdes y ocres de los árboles, entreveradas con el concreto de los bloques de edificios que conformaban el sanatorio. su pregunta era más una reflexión que un comunicado. no quería respuesta alguna, solo hablar o susurrar.

así, congelada, pedazo de carne entre dos rebanadas de pan, el relleno de un sánduche de realidades y sueños, porque, eso era lo que le ocurría. era la imagen y el alma de ésa que se miraba en el espejo todos los días para depilarse las cejas. mundo rígido de tonos tristes y silencios, donde había muerto hacia varias décadas y otro paralelo, que, se movía entre los colores de la vida radiante y la algarabía palpitante de lo que ocurría afuera de sí misma. hoy, justo hoy, dicen de ella, "la que fue", por la que se reza un novenario y sin descanso toman muchas tisanas y tazas de café. no quiso volver a hablar por un buen rato. estaba sumergida en una montaña de olvidos. ese punto de fuga se había vuelto su tabla de salvación y la llevaba a guardar como una joya lo poco que de ella había quedado. dónde hallar la convergencia? dónde coincidir? dónde encontrar ese punto "cero" que todos saben existe pero que tantos ignoran dónde está? esa fusión de mundos le dejaba flotando entre ser y no ser, viviendo entre lo tangible y lo sutil, entre la alegría y la nostalgia, entre el amor y el odio, entre el infierno y el cielo. hubiese querido quedarse en ese punto muerto, sin tener que ir a una fosa. quedarse en ese lugar donde no importa la piel ni los sentimientos, mucho menos la abstracción de las ideas, ni ser lógico o iluso. desde esa abertura de la mente sabía que podía lanzarse al vacío desde sí misma y viajar al infinito de dónde nunca debió venir.

- sabe?- pregunto de nuevo.
- quiere saber usted cómo he sobrevivido en este emparedado? pues fíjese, sólo me he enterado que vivía así cuando empecé a sentir que hacían cortes a mi pobre ego. la primer dentellada alcanzó a mutilar la cabeza y me despertó a una dulce inconsciencia, así, como entre brumas supe que se congelaba mi ser y me envolvía un sopor delirante. allí en ese punto se me despertó el ansia de caer, de despeñarme, de corresponder a las tinieblas que me engullían atrayéndome y, que vertiginosamente me llevaban hasta un lugar donde todos vivían de igual manera. allí todos éramos hibernantes.

- mire señor- allí, alguien abrió la nevera y dejó divisar adentro una cabeza deforme, como si la persona dueña de ella hubiese muerto por el impacto con un automóvil. muy bien se veía que esa cabeza había sido recogida con cuchara para armarla de nuevo, así como se hace con las muñecas de porcelana para poder saber a quién correspondía. de esa nevera chorreaba todo lo que había discurrido por la mente de quien la había poseído. qué dolor! hoy está convertida en algo similar al contenido de una excreta. ése fue el último pensamiento que pasó por su mente, - me he vuelto mierda!


ana lucía montoya rendón
noviembre 2010

sábado, 30 de octubre de 2010

Bartolo tiene una flauta

Bartolo tiene una flauta

Andrés no tenía un dios, ni una historia, ni un Adversario al que temer... No sabía preguntar por la Causa Primera. Cuando se le pregunta por el Dueño de Platanar, o cualquir lugar o cosa, dice lo que todos. «De Bartolo». ¿Y a dónde va Vicente? «Supongo que donde va la gente»... por eso fue más creíble, cálido, consolador... más humano que mi abuelo y mi padre. Por ser técnico, sin ser especulador utilitario, siendo eficaz en lo suyo, aunque impreciso en todo lo demás, él carecía de preocupación metafísica, mas no de sentido común; de angustia religiosa, mas no de bondad.

De modo que a los que le pidieron definirse con pretensiones de jerarquía o posesiones de pequeñoburgués, por razones de la Cuba polarizada entre revolucionarios del Movimiento 26 de Julio y el candidato marioneta de Batista, Andrés Rivero Agüero, decía que 'yo por el único que voto es por Bartolo'. «Pero, ¿no que tienes un platanar allá en Ceiba Mocha? ¿De quién es la hacienda entonces?»

«De Bartolo», decía y Bartolo siempre era cuaquiera, menos él.

«¿Y por quién votará el Dr. Abram y su familia?»

«¡Pero no sabes! Son ciudadanos estadounidenses».

«Eres más resbaloso que una babosa con las mano enjaboná! ¿Chico, de qué partido eres?»

«Del de Bartolo».

El 3 de noviembre de 1958, el granuja de la chapuza eleccionaria Rivero Agüero fue declarado presidente. Y un mes, más tarde, Batista creía que sostendría su poder, electo su 'hombre en las eleciones', pese a que en La Habana, William D. Pawley, vocero del gobierno estadounidense, en reunión de tres horas, le dijo que se retirara a su mansión de Daytona Beach, Florida. En uno de esos recortillos que tuvo La Abeja bien guardados en su oficinilla del sótano, se leía la prensa habanera, citando a Terrence Cannon, editorial que decía: «Los Estados Unidos no enviará sus marinos (a solucionar esta 'mierda' de parar a Castro) por una razón básica: no se teme a la Revolución. Es inconcebible para los diseñadores de la diplomacia estadounidense que una revolución en Cuba se vuelva antiamericana. Después de todo, las compañías de los EE.UU. son dueñas del país»: a saber, $77 millones de ganancias anuales por sus inversiones en Cuba; 90% de los minerales en sus minas; 80% de las ganancias por utilidades y servicios públicos; el 50% de los ferrocarriles; el 40% de la producción de azúcar; el 25% de los depósitos en los bancos. «Sin capital americano, Cuba se jode, chico». Y emplean a menos del 1% de la población.

«Si Batista se va, ¿de qué viviremos, don Andrés?»

Y riendo, otros paisanos contestaron, oyendo que Andrés dijo 'pues a vivir de Bartolo': «De las putas». Y puede que sea cierto, si repasamos estadísticas de 1959, que calcularon entre 11,500 y 12,000 mujeres que vivían de la prostitución, cuando la fuerza de trabajo femenina en la nación fue del 4.8%.

Los EE.UU. dio ese último año de Batista su últimi millón de dólares en ayuda militar; lo aprovisionó de armas, tanques, barcazas y suministros militares. Les entrenó, en misiones conjuntas, en las tres ramas de las Fuerzas Armadas estadounidenses y bases. Mas ya estaba cansado del pillaje. Empezó a pedir a los hombres de rango de Batista que se vayan, que recojan sus últimos botines y se larguen a otros países a disfrutar sus ladronerías y patriotismo falaz. De hecho, cuando la revista semanal «Carteles» tuvo acceso investigativo a los datos, publicó que 20 miembros del Gabinete y el gobierno de Batista tenía en bancos suizos, depósitos montantes a un millón de dólares por cabeza.

Todavía Doña Malká recuerda las visitas a Benavito de José Manuel Alemán Casharo, quien sirvió en el gobierno de Machado y, más tarde, la «eminencia gris» del ministro de Educación de Batista, favorito del Palacio y de la Primera Dama de Grau (Paulina Alsina), en el Bloque Alemán-Grau Alsina (BAGA), por los '40. «Siempre pendiente a comprar todo y deshacerse de judíos influyentes en la Provincia de La Habana. El mismo Benavito decía que fue el «entrenador por excelencia de ladrones». Después de la muerte de Benavito, se pudo conocer que, para su retiro a La Florida, ya había amasado más de 200 millones de dólares y a puro desfalco y engañosas inversiones. «Jamás vino con ninguna oferta que nos oliera bien. Siempre con dos haces y la fisga en el cotarro. Había que limpiar su sombra con escadillo, como decía mi anado Simón»

* * *

Mamá no sabe dónde estará su esposo. Si estará en sus asignaciones en la Base de Guantánamo, o hallándose en algún punto de cita con la amante. A esta fecha, concluye que Abram no es batistiano, él ha jurado que no lo es; pero es anexionista, con una racionalizada propensión neocolonial y mercenarista. Recuerda cuando hablara de 'Cuba y Norteamérica, socios inseparables', como agentes unidos para crear 'the affluent society' que Galbraith opusiera a la legión de ' undertakeers' que comienzan construyendo los cotarros de robo para unos cuantos glotones ('greedy pigs'), parasitarios y, al final, un Estado Benefactor, que es el peor de todos, estilo comunista de 'Welfare's undertakers' y mediocres.

Tan poco que le duró la euforia constructiva de cuando vino, con ella, procedente de Europa invocando con una clínica médica familiar, donde el apellido Riga-Dzkoja (de su padre comunista) y el apellido suyo, adoptado del nombre de Simón ben Abram, cepa de los López-Matías de Neves, sefarditas de Valderas y los barceloneses Sbarbí, irían juntos en el mismo rótulo. ¡Qué diferencia cuando ahora le surge lo prusiano del Estado benefactor y las teorías de Galbraith para crear ese embeleco vago de una sociedad de prosperidad sobre el filo de navaja del parasitismo, la rapiña intervencionista, con el sumiso visto bueno de los pobres cubanos ¡Qué mandillón, siervo cobarde, ha resultado del héroe de Basilea! «¡Qué pichiruche de mierda!», diría Benavito con sus arcaico y ladino vocabulario español para criticar las aristocracias terratenientes, las oligarquías financieras y las burocracias estatales, autoperpetuasas en fechas poscoloniales.

De hecho, en estos días, cuando fue descubierto el adulterio, y lloró sus hipocresías, dizque que madrugó a habilitar lo que fue la Clínica de Benavito. Ella vió que llegaron tres o cuatro carpinteros, o ayudantes, a limpiar y cargar cosas de un lado para el otro, llenaron cajas de papeles y antigüallas que obsequiaban a Benavito, como pago a servicios médicos! La viuda Doña Malká, quien las propiedades de valor sentimental de él, sólo las cubrió con una manta y no quiso tirar nada suyo, para que vibre la presencia de su 'viejito' en el consultorio, dijo a Sarita que llegaría ese momento, que «el ombligo de las raíces se seque y se haga ceniza de olvido» y eso estaba pasando. El hijo tiraba el ombligo de su padre y todo lo que fue propiedad suya, vibración para la rememoranza, ser haría una flauta que nadie toca, un Shofar del que nadie sabe quién es el dueño. Un Don Nadie. Bartolome. Entonces, dijo a Sara que preguntó:

«¿No bajarás al consultorio de Papá Benavito a advertir a Abram que puede que haya algo de lo que él tira a la basura que a tí te interese?»

«No bajaré. ¿Para qué guardar la flauta de Bartolo? ¿Para qué conservar un ombligo seco que si lo acaricias, con la mirada, se vuelve polvo?», le dijo; pero sonrió de pronto. «Sí, hay un recuerdo que guardaré, uno solo antes que me muera». Sonrió, con exhibición de amplia dentadura, aún blanquísima y pareja, como su salud de alma: «Quiero que todos, Andrés, mi nieto Karl y tú, vayan conmigo a Cárdenas... ¡Que sea cuanto antes! Bendeciré a Karl y a tí, Schulfreund Biene, en Ceiba Mocha... ¿Sabes? Siempre me ha gustado Matanzas y el pueblito de Cárdenas. Cuando lo visité por primera vez, los lugareños me contaron sus historias sobre mujeres y piratas judíos que campearon por el área, o las afueras de la Bahía de Matazas. Eran los primeros decenios del 1600, cuando existía la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales... Sí. Como Karl, el Camarada, a mí me gustaban esas historias; a mí, como a tí, me fascinaron de pequeñas las historias de vikingos; yo leí las Grandes Sagas, y llegué a pintar dragones en las proas de los barcos... pero, al llegar a Matanzas, campesinos me dijeron que, en el pasado de sus costas, hubo piratas reales y eran judíos, apropiándose de tesoros de plata y oro, en Cuba como un castigo a los españoles, en cuyas galeras se esclavizaba lo mismo a negros que holandeses de la Compañía... y fue cuando invocaron las hazañas de Moisés Cohen Henríques, asesor del pirata Henry Morgan, el más famoso de todos los tiempos. Cohen Henríques, junto al almirante holandés Piet Hein, de la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales, fue esclavizado en una galera por cuatro años, en un galeón español y fue en las costas de Matanzas, donde abordaron barcos españoles, saquearon sus tesoros...

«¡Si Andrés nos llevara a ver esas costas de la Bahía, qué buenos sería; que nos paseara, ya a los tres, a los tres camaradas, eh! Andrés sí que es buen guía, que lo mismo se mueve entre las bribas del pícaro que en las casas de socorro de las aljamas! ¡Como quiero bendecirlo, propiamente, como si fuera mi hijo o mi hermano! y quitarle de encima a los moscones. Yo lo veo como un niño grande y oyendo a tu pequeño, por vida mía, que son como igualitos, dos mataperros, con gusto andariego, astutos como el Macuco, nadie se los meterá en la uña de balde...», imploraba una vez que fluyó rememorando la vida de Cohen, el Judío Pirata, «a Dutch privateer», el mismo al que, con su hermano Abraham Cohen, traficante de armas, se acredita por la captura en La Habana de una flota platera en 1628. Y tal Abraham Cohen, traficante de armas, utilizó su poder económico para ayudar a conseguir lugares de protección para otros judíos en desgracia. Y añadió que Sinan, otro de los grandes piratas judíos», se alió con los piratas de Barbarrosa, y lo hizo su segundo al mando. Y Doña Malká le conversó, para que después a medida que creciera su Copiloto más dulce, sobre un rabino pirata, Samuel Palache, fundador de una comunidad judía en Holanda, cuando apenas era un jovenzuelo. «Y cuando oigo a tu hijito guripilla, el guripa más dulce que habita en la tierra y mis ojos han visto, veo al rabino Samuel, me imagino que es él reencarnado, nacido para bendecir las almas en los calabozos de Babilonia, el Establecimiento».

Para Sara, según sospecha y Doña Malká se lo confirma, el Dr. Abram no tiene intención de abandonar la política. Está secretamente involucrado en ella y ese monstruo no suelta fácilmente a hombres de talento y se cuidan de robo, hombres de buena fe, cerebros excepcionales, pero engañados. Su esposo es uno. «El dejará a la mújer adúltera con que te pone los cuernos; lo que te digo, Abejita, es que, pese a sus promesas, no te podrá cumplir la segunda. Dejará a la mujer, pero no a la política, verdadera lepra infecciosa. Abandoná propiedades, ofertas de lucro, porque es honrado y su codicia no es el dinero... Vaya, tristemente, la racionalización irá comiéndoselo... Es tan distinto a su hermano Andrés, quien no crea tormentas en vasos de agua ni se imagina problemas donde no existen».

Idea es de Andrés cuando medita que: «Donde haya una tentación grande, Dios me la quita; yo suelto todo y se lo dejo a Jai. Yo no le busco a Dios soluciones; Jai las tiene. Yo no. Por eso es que, en apariencia, yo no tengo Dios, o soy tonto para explicar lo que a Dios compete. Tengo fe, pero no conocimiento, ¿me entiendes, Malkita?»

Ella le recuerda a Sara cómo lo molestan los judeznos de la Calle Obispo, siendo que Benavito lo llamó «Cabeza hueca del Almelo», diciéndole «ya se ve que no crías canas»... mas no lo desheredó y le tuvo en cuenta. Al final, ha sido el Dr. Abram quien se desvinciló de su padre y su fe, no Andrés, el Klotz.

Sin entenderlo de un modo sistemático e intelectual, antes las demasiadas expectativas por la perfectibilidad humana, Andrés les mortifica a judeznos de su generación: «Yo dije: Vosotros sóis dioses»: Salmos de Asaf: 82-6 y los judíos de la Calle Obispo, se empeñaban en discursivos encontronazos con los rabinos de la sinagoga más antigua de La Habana, que fue la Congregación Hebrea Unida, fundada en 1904, Estos discutían sobre lo que respondió Jesús en una Fiesta de Dedicación en Jerusalén en el Pórtico de Salomón, dizque un día de invierno en que fue apedreado:

Andrés les emplazó preguntándoles: «Si así piensan de mi padre, ¿para qué piden que él, o de mí, que diga si cree en Dios o si no?» E hizo sus propios razonamientos. «¿Qué es Dios que pueda el hombre comprenderlo? Si me preguntan por Dios, o por el plantanal y los frutales de Caiba Mocha, apréndanlo de una vez como mi única respuesta; Dios es Bartolo, el Dueño de la Flauta, y el platanal es de Bartolo».

Mamá siempre reía con la manera, tan sofisticada que tenía mi Abuelita, para analizar la ideología de Andrés. El Aguila del Norte de Andrés fue el Jaguar Blanco, más consistente con el mito del pueblo nicahuátl, jaguar que conquistaría a los pueblos de América y los haría comer de las venenosas semillas del haba de San Ignacio, a las que llamaba cabalomgas del Diablo. «Tu esposo, Sara, come muchas cabalongas», le dijo Malká; pero, Andrés, con el tiempo más prosaico, al soltar rollos de juicio contra su medio hermano, con dulzura charlatama, me decía: «Con tu papá, sólo ocurre una cosa, Carlitos. La política lo ha vuelto un comemierda. El cree que es quien toca la Flauta. Y no es él. La flauta es de Bartolo», y después canturreaba una canciocillas, que yo llegué a oír en Miami, fuera de sus labios: «Bartolo tiene una flauta. / Una flauta tiene Bartolo! / ¡Ay, qué flauta! ¡Qué flauta! / ¡Qué flauta tiene Bartolo!»

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De la novela LAS JUDERIAS / CARLOS LOPEZ DZIR

miércoles, 6 de octubre de 2010

LISTA!

hoy, igual que siempre, allí, debajo de alero está, desde su ventana la ve, vestida de sombras, esperando también, como siempre, las monedas de sudores y cuero. es noche fría, como todas las que ha conocido aunque se revienten los veranos. el callejón tienes los ojos de agua que quedaron del último aguacero. en esos espejos temblorosos se reflejan las pocas luces que hay en toda la cuadra, rielan como dagas que entran y salen del vientre del sereno. se ve la silueta del gato de la vecina sobre el tejado yendo de vagabundeo, así, como ella, solo que el maldito no debe pagar cada noche el alquiler de la cama y del armario viejo en el que guarda el encapillado. nunca tiene ganas de trabajar, siempre quiere quedarse dormida, irse en un sueño hacia el lugar donde la dejó ésa cuando apenas tenia tres años, o serían dos? qué importa! añora el lugar de donde nunca debió haber salido. la sacaron de ese sitio porque la edad así lo exigía, así, lo dijo la omnisciencia de la trabajadora social. dijo que la niña de trece años ya sabía coser, cocinar, rezar... maldita sea, sabía tanto! para esa gente ella era ya una mujer y además, sabia, qué dicha! por eso tuvo que irse, porque estaba lista para la vida. y, qué era estar lista? lista del cuerpo y del alma? así la dejaron marchar con la benefactora de la institución para que fuera la ayudante de la su cocinera. allí entre cebollas blanqueadas, aromas de tomillo, mejorana, orégano y laurel, entre hervores de consomés, aprendió a conocer cómo se cuecen los ojos del deseo. si, allí supo qué era estar lista. lista como el menú que servía cada día en esa casa, ella, la niña lista, vestida de negro, con delantal blanco y una pequeña cofia como si fuera una enfermera, pero de luto. así de lista estaba que no supo a qué horas y sin quitarle la ropa le raparon la inocencia. pero qué era eso, la inocencia? es algo que arde? que se moja? que palpita muy abajo del vientre? siempre miró a dónde se llevaban su inocencia, pero nunca les vio nada en las manos, no veía que se llevaran nada, pero sí sabía que la dejaban llena de hastío, pobre como una rata y más cansada que cuando asistía a Petrona, la cocinera. a la hora de servir los alimentos tenía que estar bien presentada para atender a los señores de la casa y a su, casi permanente, recua de invitados. allí supo cómo la inocencia se le bajaba de su cabeza y se le acomodaba en los pezones, en la cintura o en la entrepierna. allí supo que la inocencia es juguetona y entiende de miradas. supo también que la inocencia es una fortuna, que pone a muchos como locos cuando la quieren tocar, usar.... hoy ya no tiene la inocencia ni falta que le hace, en medio de arrugas y del pedazo de espejo en que las mira, solo tiene asco infinito y muchas jornadas por cumplir... así, recostada en su catre, mirando por la pequeña ventana alcanza a divisar en la esquina a la vieja de siempre, escarbando en el montón de bolsas de basura buscando todo lo que le sirva para llevar a la enramada donde le pagan unos cuántos pesos para asegurar la dormida, comprar un poco de café y de pan y poder cuidar la entrepierna, y eso de cuidar no era una preocupación, no rentaba, ya no le importaba. ya no tienen que cuidar nada, ni ella ni la recicladora Inocencia Landínez, esa sombra de mujer que se ve allá y que se confunde consigo misma en el fondo de su permanente sopor con lo más íntimo de sus recuerdos. las dos son una y están listas! sacrificada a los trece años, hoy es una muerta viva, lista eternamente entre el hambre y la soledad.. hey!! desgraciada, maldita mugrosa, muévete vagabunda, despierta!!! el carro de la basura casi te alza!!


ana lucía montoya rendón
octubre 2010

lunes, 6 de septiembre de 2010

Un pedido de ella





















Venga. Siéntese, póngase cómodo, Ahí está el mozo, pida lo que quiera; esta botella déjemela a mí.

Preste atención y téngame paciencia, que le voy a contar lo que esa mujer me hizo, a lo que me degradé por ella y qué es lo que queda de mí ahora.

§

Me tenía junado, esa mina, la Colorada.

Me tenía fichado, en la lupa, desde que llegó al Social. Sí. El que antes fuera el Deportivo Larrompemo, ahora era el Club Social Esfuerzo y Gloria. La transpiración estaba prohibida en las instalaciones sociales; el sudor directamente provocaba destierro. Yo, de algún modo, o por alguna razón, la molestaba. Y no porque yo fuera el líder de los pro-hedor deportivo. No. Yo no me hacía notar ni ahí, ni en ningún lado. Si hasta para mirarme al espejo tenía que esperar que mi reflejo se diera cuenta que yo estaba. Eso me viene de lejos. Mi madre, además de ser autoritaria y mandona, me odiaba. ¿Por qué? Porque alguien tenía que pagar por sus frustraciones, la primera de ellas era haber nacido mujer, que en esta sociedad no tenía valor alguno. Me decía el Bueno Para Nada. O el Bienaventurado, porque era pobre de espíritu, manso y llorón, Cualquier otro tendría destruida la autoestima. Yo no. Yo estimaba que no valía un carajo. Muchas mujeres odian a los hombres, aunque sean sus hijos ¿no es cierto?

.No sabría decirle.

-Yo si sé. Los odian, La Colorada me odiaba. Necesitaba dominarme, denigrarme, obligarme a lo más bajo de mí. ¿No es enfermizo?

-No sabría decirle..

-Por ambos lados. Por el de ella y por el mío. Yo le tenía miedo y la necesitaba. Yo por un mendrugo de su mano, cualquier cosa. Aunque la sabía perversa, despótica, caprichosa, por un gesto de ella sería capaz de hundirme en la abyección. Entonces, cuando me vinieron a decir que dijo “Decile al Sebastián que venga a verme. Tengo que hacerle un pedido” fui volando...

.Y hice lo que me pidió. Maté a esa mina. Una mujer ignota, inofensiva, pero que tenía lo que la Colorada necesitaba: un hombre por quien ella estaba encaprichada. La iba a aplastar como un insecto, con el instrumento adecuado. Ahí estaba yo. Un hombre capaz de matar por amor. ¿
-Si Ud lo dice.

Hubiera parecido un accidente, si no fuera que la Colorada llamó a la policía, avisándole, la guacha. Cuando me llevaban la vi, consolando al tipo, que lloraba sobre el hombro de ella. Un aplauso para la Colorada.

Y me chupé un tiempo entre rejas. Me acaban de soltar. Créame que me dan ganas de volver a mi celda. Sé que fui un monstruo, también un estúpido. Que mi madre estará diciendo Te lo dije. Qué casualidad encontrarnos; me viene bien, a alguien tenía que contarle todo esto. Me hubiera gustado charlar con la Colorada, pero no habrá oportunidad. Me voy a algún lado, lejos. No la culpo de todo, fuimos cómplices. Fui su verdugo y su payaso. Ni ganas de vengarme me quedan, puede estar tranquila.

-No se preocupe. Justamente ayer me vinieron a decir que dijo ”Decile al Ramón que venga a verme. Tengo que hacerle un pedido”. Acabo de estar con ella, la vi muy tranquila..




© Carlos Adalberto Fernández

sábado, 21 de agosto de 2010

Historia a su medida

En una lejana ciudad, o no tan lejana, la verdad no me acuerdo donde era, vivía yo, mmm, no, mejor vivía un señor, o una señora o un niño, bueno, no sé, vivía un ser humano que se llamaba … no importa, vivía un ser humano. Ah, sí, ya me acordé, era de sexo masculino. No sé cuantos años tenía o no me acuerdo. ¿Si era lindo? Que sé yo si era lindo. A mi que me importa si era lindo o feo. Problema de él. O de la novia. En realidad, no sé si tenía novia. Mmm, no sé. Capaz que sí, pero si les digo, les miento. Tampoco sé si era bueno o malo. La cuestión es que el tipo tenía un trabajo, hacía no sé que mierda, en una empresa… ¿qué empresa era? Puta, no me acuerdo, che. La verdad que ese detalle no me lo acuerdo. Por más que me esfuerce, no hay caso. No me acuerdo y no me acuerdo y no me acuerdo. ¿Qué quieren que le haga? No me acuerdo, viejo. ¿Me quieren matar? Matenmé. Pero no me acuerdo. Bueno, pasando a lo importante de esta historia. Éste tipo se levantaba a determinada hora, puede ser tipo 6 ó 7 u 8 ó 12. No importa, pero que se levantaba, se levantaba. ¡No se va a quedar acostado todo el día! No era un vago el tipo. Bueno, paren de interrumpir, sino no termino más. Se levantó y desayunó algo. Una torta frita o una factura o un pedazo de pan con manteca, resumiendo, desayunó. Porque no se va a ir sin desayunar ¿no? Sí, no va a faltar algún mamerto que diga: “bueno, hay gente que lamentablemente no tiene que comer.” Pero ya les dije que el flaco trabajaba. Bah, el flaco, digo flaco como una forma de llamarlo, pero no sé si era flaco, en una de esas pesaba como 250 kilos, no sé, puede ser, hay tanta gente gorda y no tiene nada de malo ser gordo, nada más que no es bueno para la salud. Pero por lo demás, cada uno es como es. Y si éste era medio re choncho y bueno, era medio re choncho. No va a ser flaco nomás para darles el gusto a ustedes. Algunos son narigones, cabezones, pijudos. Bueno, ponele que éste fuera medio tirando a lechón. Pero no sé, eh. Son todas suposiciones. Capaz que en el otro extremo, era un esqueleto caminando. No sé. Ya está. No se habla más del tema. Ah, para este entonces, ya se había cambiado el cristiano, creo que se había puesto un traje. Bueno, eso sería si trabajara en una oficina. Si fuera mecánico, se hubiera puesto un mameluco. O unas bermudas con mocasines, en caso que fuera un empresario de vacaciones. Igual, no cambia nada, la ropa sirve nada más que para cubrirse el cuerpo. Porque no se puede salir desnudo a la calle, no me pregunten porque, no se puede y no se puede. Como tantas otras cosas que no se pueden hacer porque están mal vistas o no sé porque. Por ejemplo, si alguien me pregunta, ¿le puedo pegar una patada en el culo a esa vieja que va caminando por la vereda? Yo le voy a decir que sí. Como poder puede. Ahora que queda feo, queda feo. Y además si alguien lo ve, lo re contra caga a patadas a él. ¿Cómo le va a pegar a una vieja? No debería. Pero, si quiere que se la pegue. Yo no soy quien para meterme. Pero no se debe. No me pregunten porque. ¿A qué venía esto? Ah sí, que el señor en cuestión ya estaba levantado, cambiado y desayunado. Creo que después fue al baño, porque no sé si había tomado mate con jugo de naranja y le agarraron unos retortijones que ni te cuento. En un momento, capaz que pensó que se cagaba ahí nomás. O en una de esas, fue a lavarse los dientes o a peinarse, que se yo. Suponiendo que tuviera pelo. Por ahí era pelado. Y no por eso va a ser menos que vos o que yo. Si total, ¿qué importa si tenía pelo o no? ¿Quieren que tenga pelo? Está bien, tenía una porra que se la pisaba. ¿No quieren que tenga pelo? Ok, no tenía pelos ni en las bolas el tipo. Ni un solo pendejo tenía. Lampiño, lampiño. ¿Todos contentos ahora? Bueno, cuánto me alegro. Bueno, acá es donde la historia se me vuelve un poco difusa. Porque el tipo sale de la casa o del departamento, y no me acuerdo si sube a un auto o si no tenía y se toma el colectivo o el subte, en el caso que viviera en una ciudad con este medio de transporte. Pero no, me parece que se tomaba el bondi, sí, sí, se tomaba el bondi, es mucho más divertido. Y esto ya nos aclara un par de cosas, porque si se toma el colectivo, quiere decir que empresario no era, ya vamos descartando. Salvo que fuera una de estos boludos que tienen guita y viajan en bondi para hacerse los excéntricos o para aprovechar el amontonamiento y faltarle al respeto a una señorita, por no decir tocarle el culo que queda feo. Siempre hay algún degenerado. Pero no creo. Éste iba en bondi, porque no tenía otro remedio. Finalmente, llega al trabajo, que como ustedes bien saben, no tengo ni la menor idea que trabajo era. Si total, que importa, todos los trabajos son buenos, mientras cumplan con su función. Ahora, ¿cuál es esa función?, no sé tampoco. Al pedo trabajamos, te rompés el culo laburando y después te cagas muriendo igual que el que nunca hizo nada. Éste último, casi siempre aparece en el cajón más sonriente que el primero. Bueno, en algunos casos, el primero también sonríe porque piensa: “por fin me morí, estiré la pata, no me hago más mala sangre, la eternidad me espera, etc”. Y toda esta explicación ¿por qué? Porque ustedes están empecinados en saber de que trabajaba el tipo. Dejensé de romper las pelotas. Conformensé con saber que trabajaba. Lo que sí me parece recordar es que el susodicho no era uno de esos que vos decís, qué lo parió, cómo le gusta laburar a este tipo. No, no, nada de eso, éste laburaba, porque tenía que laburar, y al igual que todos o que la mayoría, si le dabas a elegir, se quedaba en la casa panza arriba. Porque a mi no me vengan a decir que existe algún ser humano o extraterrestre o lo que sea, al que le guste laburar. Esas mujeres que dicen: Ay mi marido es un adicto al trabajo. Que mierda va a ser. A lo sumo, sera adicto a la guita. Y el muy pajero se la pasa todo el día trabajando al pedo, porque no tiene tiempo para gastarse la plata que gana. O capaz que, con tal de no aguantarla a la mina, labura todo el puto día. Porque hay que decir que a algunas mujeres hay que aguantarlas eh. Y a otras hay que aguantarlas también, pero menos. Pero bueno, los hombres también tienen lo suyo. Así que estamos a mano. Bueno, capaz que el tipo este del que estamos hablando era un ejemplo de estos. Pero como ya les dije, no sé cuál era su estado civil. Creo que una vez andaba con una, pero no me acuerdo que pasó. Algo habrá pasado. Como siempre pasa cuando uno anda con una. Algo pasa. Y si no pasa nada, mejor buscarse otra, porque algo anda mal. Pero no sé, ni me importa. No soy chusma, ni mucho menos. Si hay una cosa que odio es a la gente chusma. ¿Se enteraron la última que se mandó la gorda Edelmira? Otro día se las cuento. No nos vayamos de tema. Tipo 5 de la tarde, el señor sale del trabajo y se va a tomar una cerveza o un vino o una grapa o un jugo de quinoto al bar de la esquina. No sé si solo o con algún amigo. Lo que sí me parece recordar que en una mesa hay una chichi que lo mira y él no sabe que pensar. Como no sabemos cuál es el aspecto de esta persona de la que estamos hablando, no podemos saber lo que pensó. Porque todo depende de eso. Si era rechoncho, capaz que lo miró porque le llamo la atención. Pero si era flaco y buen mozo, en una de esas, lo pispeó porque le gustaba bastante y andaba con ganas de encamarse. Por motivos literarios, vamos a suponer lo segundo. No, no, dejensé de joder, no empiecen a romper las pelotas preguntando como era la mina, porque ahí sí que no termino más. Era una mina, che. ¿Cuánta diferencia puede haber? Un poco más rellenita, un poco más flaca. Un poco más petisa, un poco más lunga. Digamos que era una mina estandar. Si fuera un auto, sería un modelo base digamos, esos que no traen aire, ni una mierda y en verano te re contra cagás de calor, te transpira hasta el orto, pero te lo tenés que aguantar porque no te alcanzó para comprar otra cosa. Bueno, algo así era la señora o señorita esta. Entonces el tipo este de nuestra historia, se dio cuenta que la tipa lo miraba. Tampoco era tan boludo. Un poco sí, no se los voy a negar, pero hay otros que son más boludos y nadie les dice nada. O a lo sumo le dicen: no sos más boludo porque no te entrenas. Pero nada más. Bueno, la mira y le gusta un poco, no demasiado. Sin ir más lejos, en otra de las mesas, había un grupete de cinco perras que estaba una mejor que la otra, pero ni lo registraron al medio boludo este. Y volviendo a la comparación con los autos, es como cuando vas al centro. Lo ideal es estacionar en la puerta del lugar adonde vos vas. Pero si faltando dos cuadras para llegar encontrás un lugar, tenés que estacionar ahí. Capaz que después ves que tenías un lugar justo en la puerta. Pero ya está, conformate con el que encontraste. Porque si vos pensás, lo saco y lo traigo para acá, seguro que cuando llegas te lo ocuparon y te quedas en pelotas, en re contra pelotas. Sin el pan y sin la torta. Bueno, con las minas pasa más o menos lo mismo. Y todo esto ¿para qué? Para explicarles que al tipo no le gustaba demasiado la mina, pero bue. Algo es algo, pensó. Se acercó a la mesa y empezaron a conversar no sé de que carajo. Seguramente las mismas pelotudeces que hablamos todos en un primer encuentro. De qué signo sos, no te puedo creer, igual que mi tío, que lindo está el día, no sabés como me gusta ir al cine, a mi no, bueno a mi tampoco me gusta tanto, en realidad, a veces nomás voy, cuando no tengo otra cosa que hacer, a que te dedicas, mirá que interesante, siempre quise conocer a alguien que vendiera tarjetas para el subte, etc, etc . Cuestión que a las tres horas se estaban encamando que daba asco. Buen, ahora atenti que se va acercando el final de la historia, que, como se imaginarán, anda a saber como termina. Para aquellos o aquellas románticas que creen en las almas gemelas, en el amor a primera vista, para los que les gustan los finales felices, les digo que de ahí se fueron directo al registro civil; se casaron; tuvieron 238 hijos, todos sanitos; y fallecieron de la mano cuando el tenía 65 y ella 90. Sí, capaz que se llevaban unos años. Pero para el amor no hay edad. Ahora, para aquellos escépticos negativos que no creen en un pedo hasta que no sienten el olor, les digo, que el tipo y la mina, terminado el acto venereo, se vistieron y, como suele ocurrir luego de estas calenturas del momento, se mandaron, de común acuerdo, a la mismísima mierda. Y ahora los dejo, porque tengo que ir a tirar una cañita voladora a la esquina. Ah sí, los gustos hay que darselos en vida, che. Después te cagas muriendo y ya sabemos lo que pasa. No, en realidad no sabemos, pero bue. Chau.


Emiliano Almerares