sábado, 10 de octubre de 2009

EVOCACIÓN
























A veces, siempre, me pregunto si ella advertirá que suelo pasar debajo de su balcón con mi mezquino deseo de tenerla solo mía, y eso de observarla me impregna por varios minutos, me adueño de sus ojos sin que ella se de cuenta.
La convertí en la parte superior de mi alma, esa donde yo me deshago para volverme el último y el primero, invitado oculto de sus ojos ajenos, ausente ella en mi alcoba me regala de su savia.
Sucesiva insinuación es su imagen cuando la veo desde abajo, dulce flor con encaje sudado que alimenta mi aislamiento. Esas evocaciones en mi lecho terminan siendo un volcán de semen, el cual no puedo contener hasta acabar el éxtasis resuelto.


SANTOAMOR

sábado, 3 de octubre de 2009

Borrosa huella

Nunca necesitó a nadie para sobrevivir. Menos aún ahora, al final de su existencia.

Si algo le había enseñado la vida era saber defenderse de los ataques del mundo, luchar por sus ideales e imponer su ideología por sobre la enorme masa de ignorantes que pululaban a su alrededor.

Siempre supo cómo actuar: rectitud y fidelidad a la palabra empeñada. ¡Qué importaba que sus hijos no lo quisieran ni ver en su vida! ¿Acaso una hija embarazada (y luego abandonada) de un tipo cualquiera no merecía ser echada de la casa paterna, aunque fuese a parar a la calle?... ¿Acaso un hijo adolescente queriendo decidir sobre su futuro en forma errónea no requería duras medidas como la de enviarlo a vivir con sus tíos a otro país?. Qué podían saber esos mocosos; la razón era suya y estaba dispuesto a imponerla por la fuerza si fuera necesario.

¿Su mujer?...BAH! ! . Lo habían culpado de su suicidio: patrañas, puras mentiras. Los que lo odiaban esparcían esos rumores; que la pobrecita no aguantaba la soledad sin sus hijos y que él era demasiado severo con ella (indicándole cada dos segundos lo que debía hacer y lo qué hacía mal ). Si ella se había querido matar, no era culpa suya ¡él que intenta quitarse la vida es porque lo desea! . Nada habían tenido que ver sus reclamaciones diciéndole lo que estaba mal en su mente y las ideas equivocadas que tenía sobre su forma de pensar. Ella debería haberlo escuchado y entender que él sabía lo que decía y más aún: que él poseía la verdad en sus manos para ofrecérsela.



Ahora la vida…¡No Dios!...ya que para él no existía un creador mágico, un “opio de los pueblos” como dijese Marx, lo había colocado allí; Sólo, confinado por sus carceleros a esa celda solitaria, ya que según ellos él no podía adaptarse a convivir con otros; era un “ser antisocial”…JA!! ¿Antisocial? ¿ó sólo dispuesto a ser honesto aunque la realidad doliese a oídos extraños? ¡Es que esos infelices e ignorantes seres no sabían distinguir la verdad frente a sus ojos cuando la veían! ; él se sentía obligado a “revelárselas”, a enseñarles el camino correcto…¡El sabía qué hacer, cuándo, cómo y dónde!.

Pero no entendían…sus miserables existencias no alcanzaban a intuir la “evidente razón que se les mostraba”. Por ello lo odiaban, lo criticaban, lo enjuiciaban y sólo deseaban perjudicarlo y destruirlo por completo; pero él no lo iba a permitir. Toda su vida había sido un luchador e iba a cambiar ese mundo inepto por el verdadero mundo ideal aunque en eso le fuese la vida, aunque los insignificantes seres se le opusiesen, aunque esos tontos no supieran que era por el bien de ellos mismos.



Debía ponerse de pie por el mismo; no estaba dispuesto a mendigar ayuda ni caridad.

Se sentía fuerte interiormente aunque su cuerpo no acompañara esa fuerza intrínseca.

Un poco más, solo un paso más….

Ya llegaba…eran sólo unos metros…¡Si, si…Casi, casi…!





--¿te enteraste lo que pasó? –exclamó la enfermera volviéndose hacia su compañera—el viejo insoportable, ese que hubo que trasladar a una habitación sola porque nadie aguantaba su pedantería y carácter, murió anoche ; estaba recién operado y quiso levantarse para ir al baño, trastabilló con el cable de suero y cayó rompiéndose la nuca.

--¿Y no llamó por ayuda?

--No, que bah…”él no necesitaba nada”…la verdad: “mejor que murió, molestaba demasiado y nos volvía locos a todos!...Ah! ! por las pertenencias no te preocupes y tiralas, el viejo no tenía a nadie…



Liliana Varela

jueves, 24 de septiembre de 2009

LA QUE LO PRESUME

Todos los días que me miro al espejo, presumo, me presumo y acomodo las manos para sostener la cadera, al entusiasmo en ella; digo: cuándo podré ser linda; quiero agradarte, quiero que me quieras y además gustarte para que suceda…ese hecho maravilloso llamado la Creación nuestra, un tintinirirí en el sonar de la Campana,<< che chabón metéle>>, tenemos que hacer nuestro desfalco, tenemos que robarnos para conseguirnos en lo que es clandestino; tenemos-tememos, tenernos, sostenernos soportarnos hasta que el más cagón diga basta.

Y no me sale…no me sale, no creo que te alcance.

Te gustan las jovencitas, de piel fresca de gesto variamente despreocupado.
Yo solo cuento con la edad madura, el seño de eva trascendental, experta en cometer imprudencias que luego puedan costar lo que cuesten; el diente y el filo al filo del mordisco, la intención mal intencionada de ser en el hacer ruido y orquesta.
Tantos años y muchas hojas que han pasado por mi cuerpo escribiendo de lo que no se puede decir, ámbar de emociones, no sé que pueda aventurarle u ofrecerle a tu otoña edad donde te gusta invernar.
No hablo de primaveras, el rubor origenio lo he perdido a cuenta del canje de este verano infernal con el que te provoco…pero me cuesta entender que mi precario yo pueda hacer sombra sobre tu absoluto.

Desde esta agitación interna no observo que cometas tu política exterior; le tenés miedo a mi faja que faja, le tenés miedo a la negociación con esta terrorista del amor, voy a matarte, te lo prometo bajo amenaza, voy a hacerlo, vas a morir enervado al tajo de esta boca de leona, sostenido por estas dos manos que buscan venganza en tu diámetro preciso, el que me incluye por lamento y espanto aplastada/bendecida en el morbo/placer de la derrota.

Estuve detrás de vos los últimos cuarenta años donde te acostumbraste a limpiar del cuerpo la hojarasca por las que las mujeres áridas te robaron el regocijo; ahora como el himno de la alegría es que me pongo de pie frente al Atíkva; giro, te señalo y pido:
Que crezca tu cabello, te lo ruego en favor del estigma, esa naturaleza monumental tan naturalmente tuya, sansonsoniana; que esta pequeña combatiente quiere golpearte en los oídos del alma-¡que te retumbe!- Que escuches y sientas como te derriba la piedra de mi beso.

Fanny G Jaretón

miércoles, 23 de septiembre de 2009

SEÑOR ALCALDE

Cada vez que oigo alguna crítica sobre la política bermejina me agarro unos enfados de padre y muy señor mío, ¿qué quiere que le diga, mi querido paisano? Me pongo en el papel del señor alcalde y veo cómo usted, sin ir más lejos, molesto por la falta de iluminación en las calles, o por el deficientísimo estado del acerado, por poner dos ejemplos, siempre acaba por descargar sus frustraciones sobre él. Y eso, sin pararse a meditar un segundo sobre la responsabilidad que realmente tiene nuestro esforzado regidor municipal sobre la referida situación.

-Si tuviéramos un alcalde como Dios manda…

-Si ese hijo de la gran p. del alcalde supiera donde tiene la cara…

-Si ese tarugo que tenemos por alcalde…

Y así, una y mil veces desahogan sus frustraciones nuestros paisanos, lanzando todo tipo de injustificados insultos. Reconózcalo. Aunque no se queda la cosa ahí. Sigamos confesando nuestras faltas, sean por comisión u omisión, ¿cuántas veces ha asentido usted cobardemente a tales acusaciones lanzadas por un contertulio cuando se quejaba de los baches de su calle? Y… ¿cuántas salió usted en defensa de la autoridad municipal ante tal lluvia de descalificaciones? Ninguna, así de claro se lo digo. Eso sí, luego, cuando el consistorio local de Villabermeja decida aumentar los impuestos municipales, saltará usted lleno de indignación sumándose, esta vez de forma activa, a los insultos que contra el alcalde del pueblo braman nuestros paisanos.

Bien merecido se lo tiene. ¡Vamos hombre! ¿Acaso pensaba usted que iba a escapar impunemente de sus pecados políticos? Nada de eso, querido paisano. No olvide que donde las dan las toman. Y usted se lo venía buscando desde hace tiempo. Insultos, vejaciones, improperios… Y el pobre y honesto señor alcalde, soportando como un nuevo santo Job todo el veneno que su boquita quiso soltar. No hombre, no. Con los primeros días del otoño, cuando los presupuestos municipales comiencen a tomar forma, el señor alcalde, atinadamente, tomará cumplida venganza de nuestros atropellos. Y la tomará donde más nos duele: en el bolsillo. Y como durante el verano tuvo a bien tomar detallada nota de todo lo que nosotros, sus desagradecidos vecinos, habíamos vomitado, ahora lo pagaremos con creces e intereses.

Así que, amigo y paisano mío, ni se le ocurra esbozar la más mínima crítica contra don Segismundo, nuestro eminentísimo alcalde. Comprenda que el buen hombre está tan atareado que difícilmente puede atender toda la problemática que se le viene encima cada dos por tres.

La semana pasada, sin ir más lejos, tuve ocasión de comprobarlo. El lunes fue una reunión en la capital para asistir a una convocatoria del partido en la que recibió instrucciones sobre las descalificaciones que era necesario verter sobre el partido rival; luego al día siguiente, debió desplazarse de nuevo urgentemente a la sede nacional de su partido con el fin de adoptar posturas comunes sobre un gravísimo problema nacional que debía ser tratado en un próximo pleno extraordinario de la Corporación Local.

El miércoles, cuando volvió de la capital, tuvo que citar urgentemente a sus compañeros de partido para indicarles las directrices emanadas desde arriba y que deberían seguir al pie de la letra ante el partido rival en el próximo pleno municipal. Finalmente, el jueves se celebró el pleno municipal en el que se debía acordar el apoyo incondicional de la corporación ante la decisión del gobierno de reconocer al nuevo estado de Puntolandia, una pequeña nación recién constituida por desmembración de un país del lejano oriente que ni siquiera le sonaba a ninguno de los concejales de su partido.

Lógicamente, la oposición, que no había sido informada con la antelación suficiente por sus respectivos jefes, se vio sorprendida ante decisión tan importantísima, y solicitó un receso hasta recibir instrucciones sobre el voto que debían emitir. Como no pudieron contactar con la superioridad, ni tenían la más mínima idea sobre la identidad del nuevo país, votaron en contra acusando al partido gobernante de oscurantismo y de apoyar a una nación cuya democracia no estaba suficientemente contrastada.

Esta actitud, como usted puede adivinar, desembocó en un durísimo ataque al partido gobernante. El señor alcalde, ofendido, se vio en la obligación moral de convocar una rueda de prensa de los medios de comunicación locales: la Televisión Municipal , la Emisora Municipal y el Boletín Informativo Municipal. Como quiera que todos ellos están dirigidos, lógicamente, por destacados militantes del partido en el gobierno, les puedo asegurar que no faltó ni uno de ellos a la citada convocatoria, que se celebró el día siguiente viernes.

Pues bien, aunque ustedes no se lo quieran creer, el sábado, cuando entré en Casa Blas a tomar mi cafelito mañanero, la barra del bar era ya un manantial de insultos y descalificaciones que manaban abundosamente de aquellas bocas desagradecidas. Y todo porque llevaban tres días sin que sus calles viesen ni la sombra de un basurero y, como quiera que algunas calles llevaban una semana con el alumbrado averiado, más de uno llegó a su casa con los zapatos emborrizados en porquería.

Pero nadie salió en defensa de don Segismundo. Nadie dijo una sola palabra sobre las importantísimas e ingentes tareas que habían ocupado a los señores concejales durante toda la semana. Nadie habló sobre el importantísimo debate que había tenido lugar en el último pleno municipal: la nueva nación recién salida de lejanas tierras y otros sucesos internacionales que, sin lugar a dudas, ocupaban las primeras páginas de toda la prensa nacional habían desplazado, naturalmente, a temillas sin importancia. ¿Quién se iba a preocupar de fruslerías como la recogida de basura, la falta de iluminación en las calles de Villabermeja, los recientes cortes en el suministro de agua o el estado de abandono de parques y jardines?

Decididamente, queridos paisanos, son ustedes unos desagradecidos, chismosos y desconsiderados con nuestras dignísimas autoridades municipales. Sólo espero que a partir de ahora se arrepientan de sus injurias y, en penitencia, acepten disciplinadamente la próxima subida de impuestos gracias a la cual el señor alcalde podrá duplicar sus emolumentos tan diligentemente ganados.

Al menos él escapará de la crisis económica.



Manuel Cubero

jueves, 17 de septiembre de 2009

Buscar lo propio

“Debajo del techo no había nada”
Jorge Luis Estrella


Cabizbajo buscó a tientas la llave de luz; debía asegurarse , ver por sí mismo su entorno.
Trastabilló una o dos veces, lo que demostraba que su dominio existía, que aún conservaba lo que le era propio.
Las yemas de sus dedos oprimieron el botón y todo resplandeció.
La habitación entera mostró ante él, sus pertenencias, sus muebles, su feudo.
La mueca de su sonrisa se transformó en rictus amargo al cabo de unos segundos…¡todo había desaparecido! . Sólo quedaba él bajo ese gran techo que parecía reírse de su suerte.
¡Qué equivocado había estado!... sin ella nada valía, incluso él era la sombra de un cuerpo que ya no estaba –ni jamás volvería a estar.


Liliana Varela 2009
http://lilianavarel a.blogspot. com

martes, 15 de septiembre de 2009

Consejos de madre

Le dí mis mejores años, mis ilusiones, mi vida por completo. Le busqué un atajo a la felicidad ¿sabés? .
Y hoy, hoy...me dice que se terminó, que no hay más, que todo es parte del pasado .
¿Y qué querés que haga? ¿que lo mate? ¿qué le pida explicaciones?
¡No va a servir de nada! ¿entendés? de nada, créeme. Sé lo que digo.
No se puede obligar a alguien a amar. Es imposible.
Por eso estoy de vuelta mamá, porque vos me dijiste que no lo siguiera, que no soñara con imposibles, que "ese" no era para mi. ¿Pero te hice caso? ¡por supuesto que no!
"No repitas mi pasado" -dijiste llorando- "No trabajes para él, no te dejes usar como lo hice yo. Que no te utilice para que mantengas sus vicios, para que le pagues sus estudios" . Lo recuerdo como si fuese hoy mamá. ¡Sabías tanto y no te supe escuchar!
Me usó como quiso; pagué sus estudios laburando casi 18 horas por día para que él se recibiese de abogado.
Supuestamente cuando tuviese el título, yo ya no debería tener dos trabajos y podríamos tener hijos y una casa mejor. Si hasta aborté porque me dijo que no era el momento, que esperásemos. ¡Y cómo me dolió mamá hacer eso! Pequé y Dios me castigó dejándome estéril y al borde de la muerte.
Pero así y todo mamá ¡yo le creía! ¡yo confiaba en él! Lo amaba tanto.
Sé que no estuve cuando me necesitaste. No tenía tiempo ¿entendés? no había un minuto de descanso hasta no lograr el sueño de los dos. ¡un sueño que resultó suyo solamente!
¡Ya está mamá, no reproches más ! tenés razón, siempre la tuviste. Me dejó por otra ¿sabés? más joven e instruida por supuesto; otra abogada como él.
Y yo acá estoy. Soy tu hija arrepentida. ¿Me haces un lugar junto a vos? ¡te necesito tanto mamá! ¡no me despreciés por favor!.
¡¡Gracias mamá!!...gracias. .. dejáme estar a tu lado..¡así, gracias mamá, gracias!!!!


El estruendo de un balazo retumbó en el cementerio.


Liliana Varela
De "Cuentos para no dormir"

sábado, 12 de septiembre de 2009

"Despedida"

Lo sé. Hoy es la despedida. No necesito que me lo digas, lo veo en tus ojos aunque no lo creas. Y te entiendo; esto es demasiado para los dos, demasiado sufrimiento sin sentido. Compartimos tantas cosas bellas, tantos instantes felices; el calor de la cama por las mañanas y los abrazos tiernos al reencontrarnos al final del día. También superamos juntos momentos tristes; tus depresiones y las largas charlas en la que desnudabas tu alma para luego hundirte en mi abrazo.

Por supuesto que me gustaría que durara por toda la eternidad pero no puedo evitar ser el causante de la ruptura.

¡Nuestro último momento juntos.. y el amor se percibe en el aire que nos rodea! No, no llores por favor… no quiero verte triste, no deseo llevarme esa imagen , prefiero recordarte alegre, sonriente como siempre quise que estuvieras a mi lado.

Sé que sientes la culpa por tomar la decisión y sé que has debido recurrir a él para terminar lo nuestro ya que te sentías demasiado débil para hacerlo por tu propia mano.

No guardo rencor a tu actitud… los dos sufrimos demasiado estos últimos tiempos.

Sabíamos que no sería permanente, que el malvado tiempo no era el mismo para los dos y sin embargo hiciste lo imposible para que siguiera a tu lado: yo te defraudé con mi cuerpo y mi alma.

Confieso que tampoco deseo seguir luchando , el cansancio me pesa demasiado al igual que a ti.

Siento en mi piel tu caricia llena de amor: sabes que es el final. Se anestesia el dolor mientras disfruto de tu contacto… y apenas puedo mantener entreabiertos los párpados para conservar tu imagen….debo irme.







---Ya está. Fue lo mejor. Piense que ya no sufrirá más y que pudo disfrutar muchos años con él. Era inhumano seguir manteniéndolo vivo con semejante tumor. No se culpe, se hizo todo lo posible por él.



La mujer siguió acariciando a su perro Fiel mientras sus húmedos ojos observaban la jeringa que el veterinario había desechado dentro del tacho de basura.







Liliana Varela 2007

viernes, 4 de septiembre de 2009

EL CARROÑERO

Compañeros, amigos todos: Como es sabido por muchos de los presentes, el aumento constante de nuestra actividad, exige precisión y determinación de las condiciones de las actividades apropiadas. Los superiores principios ideológicos, condicionan que un relanzamiento específico de todos los sectores implicados suponga un auténtico y eficaz punto de partida de toda una casuística de amplio espectro…
-¿Te das cuenta, Mariano? Este tío lleva hablando un rato sin decir absolutamente nada.
-Peligrosa actuación, no te fíes, Espe. Nunca sabemos por dónde va a salir esta gente.
-Tras esta breve introducción –continuó el conferenciante- entremos de lleno en el
tema que hoy nos trae aquí. Como sabéis estas aves carroñeras, porque debéis saberlo, la gaviota es un ave carroñera que se alimenta y vive a costa de lo peor que pueda caer en sus manos.
Escudándose en su presencia, agradable, elegante, distinguida si queréis, se esconde un animal realmente soez. Los bajos instintos, ocultos bajo la figura de un ave grácil, veloz, resistente y llena de vitalidad, brotarán de su organismo a la primera ocasión que se presente. Ahí radica su peligrosidad. La gaviota subyuga con su presencia, encubre bajo ella su innata tendencia a la agresión y sus deseos de imponerse ante cualquier eventualidad o peligro y de sobrevivir a estos a costa de lo que sea.
-Te lo dije, este hombre entra a saco en el tema que le interesa a las primeras de cambio... –comentó Mariano, casi en un susurro al oído de Espe.
Inquisitiva y acusadora, la mirada del conferenciante se hundió en el rostro de ambos charlatanes, que guardaron silencio anonadados.
-Salid al campo. Salid a cualquier sitio –continuó éste- y allí la encontraréis. Ha extendido sus dominios sobre todos los terrenos: campo y playa, mundo rural y urbano... Ha salido del ámbito propio y reducido a que estaba limitada. Voraz y destructora se ha impuesto a todos los demás y, si pudiese, destruiría sin piedad a cuantos se interpusiesen en su voraz camino.

Por este motivo, nos hemos reunido hoy aquí, para debatir y estudiar las posibles soluciones a la invasión de que estamos siendo objeto por parte de la dichosa gaviota. Ha extendido su dominio por todos los terrenos a su alcance. Y esa es la causa por la que aun reconociendo, de acuerdo con las modernas tendencias ecologistas, que debemos respetar el ámbito de todos y cada uno de los organismos que deambulan por nuestro país, no es menos cierto que se hace necesario poner coto a este indiscriminado ataque de que estamos siendo objeto. En cualquier momento, y lo digo con conocimiento de causa, estos animales insaciables serían capaces de apoderarse de toda la nación en su propio provecho...
-No lo soporto más, Espe, vámonos inmediatamente de aquí, ¡Este hombre está llegando al insulto!
-Tranquilo, Mariano, tranquilo, que este hombre es biólogo y no está hablando de política. Yademás, según me han dicho es yanqui y amigo de Josemari...


...





NOTA para los amigos de fuera de España.- El Partido Popular español tiene como símbolo una gaviota.


Manuel Cubero

jueves, 13 de agosto de 2009

LAS INTRUSAS

En memoria



Los hermanos Sandoval, Ramón y Martiniano, vivían en Balvanera, en los fondos de un galpón que usaban como depósito de repuestos de maquinarias. A la muerte de sus padres se hicieron cargo del negocio, sin descuidos ni desatenciones, y sin quitar tampoco mucho tiempo de sus tareas habituales: la noche, las mujeres, las pendencias.

Parcos, sin ser huraños, distribuían su tiempo entre la actividad obligada –atender el galpón- y sus afecciones de putañeros y pendencieros, ambas ejercitadas sin excesos, sino adecuadas a su condición de animales jóvenes.
No compartían ni se comentaban sus andanzas, pero todos sabían que enfrentarse con uno llevaba a encararse con el otro.

Frecuentaban el prostíbulo de la Colorada, llamada así no por el color de su cabello sino porque, dicen, alguna vez la vieron ruborizarse intensamente, nadie sabe cuando ni por qué.
Una pupila nueva, Deolinda, atraía por demás a Ramón, que pasaba mucho tiempo en el burdel, descuidando algo el depósito. Algunas indirectas de Martiniano originaron en los últimos escarceos duelísticos algunas aproximaciones peligrosas de los cuchillos.

Una mañana Ramón salió temprano. La noche anterior no había salido. Volvió al mediodía, con una mujer y una valija.
—Esta es Deolinda —dijo. —Se queda conmigo —Agregó.
Deolinda no perturbaba, hacía sus tareas en silencio, casi no trataba con Martiniano.
Era joven, activa, carnosa.

Paulatinamente la relación entre los hermanos se estaba poniendo tirante. Las opiniones adversas se expresaban principalmente clavando el cuchillo en la mesa. Era evidente que la presencia de Deolinda perturbaba a Martiniano.

Esa tarde Deolinda se despidió con un “Ahora vuelvo”. La mirada interrogante de Martiniano –no pudo evitarla- motivó de Ramón un “Fue a hacer un trámite”.
Volvió Deolinda, con otra mujer y una valija.
—Se llama Elvira —dijo. —Es mi hermana, viene a hacerme compañía.
Ramón agregó. —Si te interesa...
Elvira durmió unos días en la cocina. Al tercer día Martiniano le dijo:
—Agarrá tus cosas y venite a mi pieza.

La situación se había estabilizado, pero los Sandoval eran jóvenes y codiciosos. Cada uno curioseaba la relación del otro.

Ese día la hermanas secretearon seguido, lejos de los hombres. A la noche Elvira, después de lavar los platos, parada en la puerta de la pieza de Ramón, dijo:
—Con permiso, si no le molesta, —Luego de una pausa, agregó— la Deolinda va para lo de don Martiniano.
Ramón la miró, hizo una pausa larga. —Vení, acostate —decidió. Y masculló, entre inquieto y complacido: —Pucha con las intrusas, ya tomaron la manija.

El cambio de pareja se volvió una práctica frecuente. Las ocasiones eran siempre decisión de las mujeres, sin siquiera comentario de los hombres. Sólo una vez Ramón, incorregible, preguntó si no tenían otra hermana.

La muerte de Deolinda, una infección sorpresiva, fulminante, si bien sentida por todos, fue pausadamente asimilada. Elvira alternaba entre las camas, en ocasiones durante la misma noche. Vivían en familia.


La pendencia con los Linares –familia de guapos de cuidado- venía de lejos. Frecuentemente se encontraban, delegando en el cuchillo la resolución del problema. Había sangre, pero hasta ahora no hubo nadie a quién enterrar.
Un sobrino de los Linares, llegado hacía poco al barrio, quiso levantar su cotización en la familia. Una noche de tormentosas borracheras desafió a Ramón. Inexperto y arriesgado, una ominosa hoja en el pecho le reprobó el examen y lo mandó al cementerio.
Ramón envainó el cuchillo, saludó a los presentes y se encaminó a la casa. La humedad de los pastos, o algún presentimiento, hicieron estremecer a Ramón.
Los Linares lo alcanzaron cruzando el baldío. Entre varios lo desangraron por todo el cuerpo. El grito final, ·”¡A la puta, que me matan!”, avisó a Elvira, que terminó de despertar a Martiniano.
El combate fue infernal y desigual. Los Linares, con zarpazos de jauría, se lanzaban sobre las últimas energías de Martiniano.
Elvira, leona arrebatada, finalizó el duelo con el revólver que había traído en su valija. Como en un cuerpo a cuerpo, clavaba un balazo sobre quien alcanzaba con el caño del arma.
Un silencio de noche asustada corrió el telón. Ya era tarde para Martiniano

Elvira lavó y vistió los cuerpos, los acompañó a la fosa, los despidió, volvió a la casa, guardó las pertenencias de sus hombres, y se acostó a dormir en una cama que llevó a la cocina.
De permanente negro, mirada enclaustrada, siguió ocupándose de los intereses de la familia. No estaba muerta, sólo sin perspectivas ni ambiciones.

Cuando algún comedido le indicó que con su juventud y energía todavía podía tener esperanzas de una nueva familia, exclamó:
—¡Por favor!¿Dónde voy a encontrar dos maridos como ellos?



--
Carlos Adalberto Fernández

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jueves, 6 de agosto de 2009

El tren que no llegaba



















Estaba sentado en un banco de la estación de trenes; en ese momento, su mirada yacía perdida en un punto inexistente del horizonte.

Era un hombre joven, pero su semblante denotaba la dura vida que le había tocado en suerte.

Era el único ocupante del andén. Un empleado de la boletería era la segunda forma humana que se encontraba allí– pero se hallaba dentro de su cabina, aislado de aquel joven.

El hombre se miró las manos, estaban ajadas, deterioradas como las manos de cualquier trabajador manual; se acomodó el botón de la camisa (que aunque se notaba vieja, estaba muy limpia) y carraspeó como para aclarar la voz.

Cualquiera que lo viese pensaría que era un ser insignificante, que no llamaba la atención; quizás fuese así…pero sólo él sabía el por qué de su importancia en ese lugar.

Nada podía sacarlo de sus pensamientos; inclusive la mujer que llegó con esa niñita gritona que lo miraba desafiante. Apenas levantó la mirada para verlas discutir entre ellas y luego volvió a sumergirse en sus propias ideas.

El estaba en su propio mundo…esperando ese tren que no llegaba…

Aunque tuviese que esperar años por esos vagones lo haría; la espera no importaba; sólo deseaba verla por última vez; era su único deseo.

Quizás ella no lo reconociese ¡Tanto tiempo había pasado!. Además nunca lo había visto de traje, pero estaba seguro que aunque el traje fuese pobre (y usado) , ella sentiría orgullo al verlo vestido así.

¡Tantas cosas tenía para decirle que las memorizaba en voz alta por miedo a olvidarlas!

Estaba muy nervioso; sentía sus manos transpiradas, llevaba más de tres horas de espera y el tren no aparecía en el horizonte.

Pensó que ella no podía defraudarlo. Era verdad que se había molestado cuando él decidió dejarla para ir en busca de un futuro mejor para los dos, pero finalmente había logrado reunir una pequeña fortuna con la cual había adquirido su propia casa…¡Ella debería estar feliz por ello!.

Su impaciencia iba en aumento; la mosca que se apoyó en su rostro fue la víctima de sus nervios al estallar su cuerpo en un manotazo brusco y veloz.

Sintió un ruido extraño pero esperado… ¿sería ser el tren que se acercaba?; ese tren que daba la sensación de que jamás llegaría, finalmente aparecía ante sus ojos.

Se paró de su asiento como si tuviese un resorte dentro y con pasos bruscos y largos se acercó a la orilla del andén.

Cuando vio al guarda que se asomaba de uno de los vagones de pasajeros, corrió a su encuentro. Jadeando llegó a él.



--¿Señor Pérez? –preguntó el guarda.

--Sí, sí, soy yo, soy Pérez…--respondió apurado-- ¿vino ella? ¿llegó?...

--Sí señor, ya llegó. Está en el último vagón de carga.



El joven corrió con toda la velocidad que sus piernas pudieron darle; llegó en el momento en que dos empleados descorrían la compuerta del vagón. Ella quedó al descubierto; finalmente pudo verla.




Allí estaba: el cajón que contenía los restos de su madre finalmente llegaba a reunirse con él.


Liliana Varela
De "Cuentos para no dormir" 2009