De la serie "Aventuras, desventuras"
Los caminos de Juana
Las orejas me ardían y el cuello me quemaba. Cuando mamá me lavaba así yo quedaba la cabeza roja como un fósforo. Hoy me había tocado, claro indicio de una ocasión importante, en la que nosotros -mi hermana mayor y yo- debíamos lucir impecables, “Hoy vamos de visita” fue toda la explicación que nos dio mamá. La camisa, minuciosamente zurcida, tan almidonada que parecá de cemento, se encolumnaba bajo la otra consigna: pobres pero limpios. Debía ser tan importante ―la ocasión, digo― que luego la Juani recibió el mismo tratamiento, lo que dado su edad ―me llevaba dos años― era menos frecuente. Mi hermana no reclamó -apenas un rezongo, de dignidad herida al igualarla con “el Beto que se moja los deditos, se los pasa por la cara y ya está”. Se vengó conmigo, haciéndose cargo de mis crines de carpincho, duramente alineadas con unas cepilladas que me araron el cráneo.
Y ahí estábamos, una madrugada, los tres, en el tren a Córdoba. El vagón casi vacío; los asientos, de listones de madera cubiertos con una manta y encima nosotros, nuestros bolsos y nuestras dudas y temores. “Vamos a ver a la madrina” había anunciado mamá. Teníamos muchos padrinos, todos los que no eran parientes de sangre eran padrinos. A estos de ahora no los conocía. Muchos bolsos. Mi madre había pasado <, zurciendo, almidonando, ropa de chicos.
―Nos van a separar ―me secreteó la Juani, en la reunión de emergencia, escondidos bajo unos arbustos que bordeaban la acequia. Era una tarde le lagartijas asustadas y arena quemante, en ese pueblo norteño, al pie de la cordillera―. Mamá ya no puede con todos nosotros. Los hijos mayores quién sabe por dónde andan, los menores son muy chiquitos y los tienen que cuidar las tías mientras mamá trabaja. Tenemos que hacernos cargo, nosotros.
―¿Y no nos pueden entregar a los dos? ―pregunté, repitiendo la palabra oída en cuchicheos.
―Uno tiene que ayudar en casa.
No volvimos a hablar del tema. Demasiadas las incertidumbres, los temores. Pero ahora este tren nos arrastraba a nuestro destino. Se terminaba nuestra niñez.
§
En la estación nadie nos esperaba. Llegamos a la casa poco antes del mediodía, luego de veinte cuadras por caminos de tierra. Pocas cuadras antes de llegar, con el agua de una acequia, nos limpiamos meticulosamente. Peinados y limpios, nos recibió la madrina, en una casa imponente.
Luego de los saludos la evocación de momentos pasados, la madrina nos reunió en el comedor. Habían otros grandes y unos chicos que después de presentarlos los dejaron irse.
―No podemos recibirle a los dos chicos, Rosario. Está bien que Ud. prefiera no separarlos, sería un golpe para ellos, pero tampoco nosotros podemos hacernos cargo de vestir, alimentar educar a los dos. Uno sólo, trabajando bien, podrá mandarle una ayuda mensual y además tendrá educación escolar, un futuro. Pero no el nene, es muy chiquito todavía. La nena nos vendría bien. Será cuestión de acostumbrarse ―se dirigió a mi hermana y la miro fijamente― Vos, Juanita, ya casi sos una señorita, podés entender ¿no? Una vez por mes te pongo en el tren por el fin de semana, vas a tener piecita, guardapolvo. .. ¿qué te parece?
Aferrada nerviosamente a la pollera de mamá, Juani, los ojos dilatados, asentía, como aprobando adultamente los criterios expuestos.
La reunión siguió. A nosotros nos dejaron salir al jardín. La Juani caminaba de acá para allá, ida y vuelta, angustiada. A mi no me gustaba quedarme sin hermana, pero comprendía que su futuro era incomparablemente más horrible. Sola, sin familia. Yo, en su lugar, me moriría. Juani buscaba desesperadamente una salida. Pero sabía ―yo también sabía― que la única posibilidad dependía de un cambio de decisión de mamá. Y eso era imposible. Ella, acostumbrada a los rigores de la vida, nunca peleaba contra el destino; abrazada a su cuerpo árido, correoso, soportaba en silencio. Y esa era la única enseñanza que nos podía dar: la limpieza y el silencio.
Después, la Juani entró en una inmovilidad que me asustaba. Ya había dejado de rebelarse. No se cuánto tiempo pasamos. De golpe, me dijo “Ya van a venir a buscarnos, a despedirse de mí. Dejame un poquito sola”.
Entré y me senté al lado de mamá, que estaba sola en el comedor, esperando a que nos vinieran a buscar para llevarnos, generosamente, a la estación.
“Prepárense que ya les traemos a la nena para la despedida”, nos dijo alguien. Pero el tiempo pasaba y no la traían. Se oían los gritos de la madrina, gente corriendo.De golpe apareció la madrina, congestionada.
―Se escondió. No puede estar lejos. No conoce nada, de la estación a la casa nada más -Dijo, mirando enojada a mamá que se plantó, inmóvil, en medio de la sala― . Ud. Rosario, no puede hacer nada, no se va a quedar aquí, a discutir mi autoridad. Esta es mi casa y mando yo. Esta chica tiene que aprender a ocupar su lugar. Tome su tren, que este problema es mío, cuando la encuentre le voy a explicar algunas cosas. ―Se quedó esperando un gesto de mamá, un reclamo, algo, este acto de la Juani había afectado su orgullo―. Tome su tren, yo le aviso cuando la encontremos.
Nos llevaron a la estación. El vagón estaba vacío. Mamá subió. Colocó las mantas, los baúles. Siguió subiendo y bajando, sola con los bultos, sin aceptar ayuda de nadie. La última vez compró en un puesto unos pasteles, se despidió y subimos.
¿Qué está haciendo? ¿La va a dejar a la Juani? ¿Y si no la encuentrar? El tren está arrancando, yo me tiro...
― Ni se le ocurra una tontería, mocoso. Si se tira ahora del tren se rompe la cabeza ―me dejó parado, sabe todo lo que está pasando. Entonces por qué...
― Vamos. Deme un pastelito, que sufrir con hambre es demasiado. Y alcánceme uno a mí.
La miré con rencor mientras masticaba el pastel. Ella ni lo probó.
― Ya estamos lejos, no hay peligro. Vamos. Coma algo que debe estar desfalleciendo de hambre ―dijo mientras colocaba el pastelito sobre una servilleta, a su lado en el asiento. Un rato des pués, de entre las mantas asomó una manito que agarró el pastel, después un bracito, después la carita llorosa y feliz de la Juani.
―Ud. es mi hija, no un paquete, que se lo pueda encargar a alguien. Yo no hice este mundo de mierda ni me sobra espalda para cargar con sus penas, pero es mi hija, y aunque esté en el infierno, si me necesita voy a estar a su lado.
Se quedó meditanto. Al rato ”Lo que sí.... -dijo- creo que vamos a tener que ajustar más los gastos.
No volvimos a ver a la madrina, ni se volvió a hablar del tema.
§
Un año después una familia se llevó a la Juani a Buenos Aires.
SD
--
Carlos Adalberto Fernández
"El material editado en "Muestrario de Palabras" goza de todos los Derechos Reservados. La administración confía en la autoría del material que aquí se expone, no responsabilizándose de la veracidad de los mismos."
sábado, 31 de octubre de 2009
Crónica de la Violencia II
Ahí viene otra vez de la calle…y borracho como siempre. Se choca con la mesa y tira todo lo que hay arriba; siempre es igual. A mi mamá no le importa, nunca le importó. Ella se emborracha como él y, cuando mi hermanita de 4 años llora de hambre, le pega con más bronca que cuando no está tomada.
Por eso yo siempre corro a proteger a mi hermanita, es como una muñeca para mí, me da lástima; le digo a mi mamá que no se preocupe que yo me la llevo para que la deje dormir; ella siempre se enoja y grita diciendo que esa “pendejita” ya no le sirve ni para pedir plata y que pronto la va a hacer trabajar como lo hace conmigo.
Cuando me llevo a mi hermanita me voy por la villa, a otras casas a ver si alguien tiene un pedazo de pan duro –o leche si alguno llegó a cobrar ese día—para ella ¡Si vieran con que ganas come el pedazo de pan duro!. A veces me preguntan si quiero a mi hermana.. ¡qué sé yo! ; lo único que sé es que escucha todo lo que le digo y que cuando lloro me pasa la manito chiquita por la cara y me da un beso lleno de baba para que no llore.
Ella por lo menos sabe que tiene 4 años, yo no estoy segura; mi mamá una vez me dijo que tenía como unos 11 ó 12 pero que no se acordaba, porque no estaba para estupideces; Sí me acuerdo que hace tiempo –no sé cuánto- mi mamá le dijo a ese viejo asqueroso que hiciera lo que quisiera conmigo porque yo ya era una mujer y que tenía más de 10 años; recién ahí el viejo le dio los $10 pesos.
¡Ese viejo asqueroso, con olor a vino! Recuerdo que seguí el consejo de Doña Elvira, la viejita del fondo de la villa, ella me dijo –cuando yo fui llorando a su casa el día que papá me lastimó de forma rara y muy fea- que cada vez que estuviera con un tipo cerrara los ojos y pensara cosas lindas, que pensara que yo no estaba ahí, sino en otra parte, en un parque con mi hermanita.
¡NO! Otra vez viene mi papá a donde estoy yo acostada; mi mamá no llegó todavía del bar. y mi hermanita está durmiendo. No soporto más como me hace doler y menos aguanto el olor a vino que no me deja respirar; él me dice que tengo que aprender a hacer mejor las cosas porque a los hombres les gusta que una sepa, pero estoy muy cansada…hoy trabajé mucho.
De pronto mi hermanita comienza a llorar ¡qué tonta que soy! mi papá no venía hacia mi cama sino hacia la de la chiquita…y yo ya conozco esa mirada, pero ella es todavía demasiado chica y además es mía, es mi muñeca. ¡Tengo que hacer que papá venga conmigo!
Caigo en el piso entre las botellas rotas de vino; papá me pegó una trompada muy fuerte y me sale sangre de la boca y la nariz…
Dejo la puerta abierta cuando salgo corriendo de la casilla con mi hermanita en brazos, por ahí Doña Elvira puede ayudarme como me ayudó con lo de los tipos.
No miro para atrás…¿para qué? .
Cuando mi mamá vuelva del bar. lo va a encontrar a mi papá tirado en el piso y con la botella rota metida en su estómago…
Mejor me apuro…porque me va a buscar para pegarme.
Liliana Varela 2007
Por eso yo siempre corro a proteger a mi hermanita, es como una muñeca para mí, me da lástima; le digo a mi mamá que no se preocupe que yo me la llevo para que la deje dormir; ella siempre se enoja y grita diciendo que esa “pendejita” ya no le sirve ni para pedir plata y que pronto la va a hacer trabajar como lo hace conmigo.
Cuando me llevo a mi hermanita me voy por la villa, a otras casas a ver si alguien tiene un pedazo de pan duro –o leche si alguno llegó a cobrar ese día—para ella ¡Si vieran con que ganas come el pedazo de pan duro!. A veces me preguntan si quiero a mi hermana.. ¡qué sé yo! ; lo único que sé es que escucha todo lo que le digo y que cuando lloro me pasa la manito chiquita por la cara y me da un beso lleno de baba para que no llore.
Ella por lo menos sabe que tiene 4 años, yo no estoy segura; mi mamá una vez me dijo que tenía como unos 11 ó 12 pero que no se acordaba, porque no estaba para estupideces; Sí me acuerdo que hace tiempo –no sé cuánto- mi mamá le dijo a ese viejo asqueroso que hiciera lo que quisiera conmigo porque yo ya era una mujer y que tenía más de 10 años; recién ahí el viejo le dio los $10 pesos.
¡Ese viejo asqueroso, con olor a vino! Recuerdo que seguí el consejo de Doña Elvira, la viejita del fondo de la villa, ella me dijo –cuando yo fui llorando a su casa el día que papá me lastimó de forma rara y muy fea- que cada vez que estuviera con un tipo cerrara los ojos y pensara cosas lindas, que pensara que yo no estaba ahí, sino en otra parte, en un parque con mi hermanita.
¡NO! Otra vez viene mi papá a donde estoy yo acostada; mi mamá no llegó todavía del bar. y mi hermanita está durmiendo. No soporto más como me hace doler y menos aguanto el olor a vino que no me deja respirar; él me dice que tengo que aprender a hacer mejor las cosas porque a los hombres les gusta que una sepa, pero estoy muy cansada…hoy trabajé mucho.
De pronto mi hermanita comienza a llorar ¡qué tonta que soy! mi papá no venía hacia mi cama sino hacia la de la chiquita…y yo ya conozco esa mirada, pero ella es todavía demasiado chica y además es mía, es mi muñeca. ¡Tengo que hacer que papá venga conmigo!
Caigo en el piso entre las botellas rotas de vino; papá me pegó una trompada muy fuerte y me sale sangre de la boca y la nariz…
Dejo la puerta abierta cuando salgo corriendo de la casilla con mi hermanita en brazos, por ahí Doña Elvira puede ayudarme como me ayudó con lo de los tipos.
No miro para atrás…¿para qué? .
Cuando mi mamá vuelva del bar. lo va a encontrar a mi papá tirado en el piso y con la botella rota metida en su estómago…
Mejor me apuro…porque me va a buscar para pegarme.
Liliana Varela 2007
sábado, 10 de octubre de 2009
EVOCACIÓN

A veces, siempre, me pregunto si ella advertirá que suelo pasar debajo de su balcón con mi mezquino deseo de tenerla solo mía, y eso de observarla me impregna por varios minutos, me adueño de sus ojos sin que ella se de cuenta.
La convertí en la parte superior de mi alma, esa donde yo me deshago para volverme el último y el primero, invitado oculto de sus ojos ajenos, ausente ella en mi alcoba me regala de su savia.
Sucesiva insinuación es su imagen cuando la veo desde abajo, dulce flor con encaje sudado que alimenta mi aislamiento. Esas evocaciones en mi lecho terminan siendo un volcán de semen, el cual no puedo contener hasta acabar el éxtasis resuelto.
SANTOAMOR
sábado, 3 de octubre de 2009
Borrosa huella
Nunca necesitó a nadie para sobrevivir. Menos aún ahora, al final de su existencia.
Si algo le había enseñado la vida era saber defenderse de los ataques del mundo, luchar por sus ideales e imponer su ideología por sobre la enorme masa de ignorantes que pululaban a su alrededor.
Siempre supo cómo actuar: rectitud y fidelidad a la palabra empeñada. ¡Qué importaba que sus hijos no lo quisieran ni ver en su vida! ¿Acaso una hija embarazada (y luego abandonada) de un tipo cualquiera no merecía ser echada de la casa paterna, aunque fuese a parar a la calle?... ¿Acaso un hijo adolescente queriendo decidir sobre su futuro en forma errónea no requería duras medidas como la de enviarlo a vivir con sus tíos a otro país?. Qué podían saber esos mocosos; la razón era suya y estaba dispuesto a imponerla por la fuerza si fuera necesario.
¿Su mujer?...BAH! ! . Lo habían culpado de su suicidio: patrañas, puras mentiras. Los que lo odiaban esparcían esos rumores; que la pobrecita no aguantaba la soledad sin sus hijos y que él era demasiado severo con ella (indicándole cada dos segundos lo que debía hacer y lo qué hacía mal ). Si ella se había querido matar, no era culpa suya ¡él que intenta quitarse la vida es porque lo desea! . Nada habían tenido que ver sus reclamaciones diciéndole lo que estaba mal en su mente y las ideas equivocadas que tenía sobre su forma de pensar. Ella debería haberlo escuchado y entender que él sabía lo que decía y más aún: que él poseía la verdad en sus manos para ofrecérsela.
Ahora la vida…¡No Dios!...ya que para él no existía un creador mágico, un “opio de los pueblos” como dijese Marx, lo había colocado allí; Sólo, confinado por sus carceleros a esa celda solitaria, ya que según ellos él no podía adaptarse a convivir con otros; era un “ser antisocial”…JA!! ¿Antisocial? ¿ó sólo dispuesto a ser honesto aunque la realidad doliese a oídos extraños? ¡Es que esos infelices e ignorantes seres no sabían distinguir la verdad frente a sus ojos cuando la veían! ; él se sentía obligado a “revelárselas”, a enseñarles el camino correcto…¡El sabía qué hacer, cuándo, cómo y dónde!.
Pero no entendían…sus miserables existencias no alcanzaban a intuir la “evidente razón que se les mostraba”. Por ello lo odiaban, lo criticaban, lo enjuiciaban y sólo deseaban perjudicarlo y destruirlo por completo; pero él no lo iba a permitir. Toda su vida había sido un luchador e iba a cambiar ese mundo inepto por el verdadero mundo ideal aunque en eso le fuese la vida, aunque los insignificantes seres se le opusiesen, aunque esos tontos no supieran que era por el bien de ellos mismos.
Debía ponerse de pie por el mismo; no estaba dispuesto a mendigar ayuda ni caridad.
Se sentía fuerte interiormente aunque su cuerpo no acompañara esa fuerza intrínseca.
Un poco más, solo un paso más….
Ya llegaba…eran sólo unos metros…¡Si, si…Casi, casi…!
--¿te enteraste lo que pasó? –exclamó la enfermera volviéndose hacia su compañera—el viejo insoportable, ese que hubo que trasladar a una habitación sola porque nadie aguantaba su pedantería y carácter, murió anoche ; estaba recién operado y quiso levantarse para ir al baño, trastabilló con el cable de suero y cayó rompiéndose la nuca.
--¿Y no llamó por ayuda?
--No, que bah…”él no necesitaba nada”…la verdad: “mejor que murió, molestaba demasiado y nos volvía locos a todos!...Ah! ! por las pertenencias no te preocupes y tiralas, el viejo no tenía a nadie…
Liliana Varela
Si algo le había enseñado la vida era saber defenderse de los ataques del mundo, luchar por sus ideales e imponer su ideología por sobre la enorme masa de ignorantes que pululaban a su alrededor.
Siempre supo cómo actuar: rectitud y fidelidad a la palabra empeñada. ¡Qué importaba que sus hijos no lo quisieran ni ver en su vida! ¿Acaso una hija embarazada (y luego abandonada) de un tipo cualquiera no merecía ser echada de la casa paterna, aunque fuese a parar a la calle?... ¿Acaso un hijo adolescente queriendo decidir sobre su futuro en forma errónea no requería duras medidas como la de enviarlo a vivir con sus tíos a otro país?. Qué podían saber esos mocosos; la razón era suya y estaba dispuesto a imponerla por la fuerza si fuera necesario.
¿Su mujer?...BAH! ! . Lo habían culpado de su suicidio: patrañas, puras mentiras. Los que lo odiaban esparcían esos rumores; que la pobrecita no aguantaba la soledad sin sus hijos y que él era demasiado severo con ella (indicándole cada dos segundos lo que debía hacer y lo qué hacía mal ). Si ella se había querido matar, no era culpa suya ¡él que intenta quitarse la vida es porque lo desea! . Nada habían tenido que ver sus reclamaciones diciéndole lo que estaba mal en su mente y las ideas equivocadas que tenía sobre su forma de pensar. Ella debería haberlo escuchado y entender que él sabía lo que decía y más aún: que él poseía la verdad en sus manos para ofrecérsela.
Ahora la vida…¡No Dios!...ya que para él no existía un creador mágico, un “opio de los pueblos” como dijese Marx, lo había colocado allí; Sólo, confinado por sus carceleros a esa celda solitaria, ya que según ellos él no podía adaptarse a convivir con otros; era un “ser antisocial”…JA!! ¿Antisocial? ¿ó sólo dispuesto a ser honesto aunque la realidad doliese a oídos extraños? ¡Es que esos infelices e ignorantes seres no sabían distinguir la verdad frente a sus ojos cuando la veían! ; él se sentía obligado a “revelárselas”, a enseñarles el camino correcto…¡El sabía qué hacer, cuándo, cómo y dónde!.
Pero no entendían…sus miserables existencias no alcanzaban a intuir la “evidente razón que se les mostraba”. Por ello lo odiaban, lo criticaban, lo enjuiciaban y sólo deseaban perjudicarlo y destruirlo por completo; pero él no lo iba a permitir. Toda su vida había sido un luchador e iba a cambiar ese mundo inepto por el verdadero mundo ideal aunque en eso le fuese la vida, aunque los insignificantes seres se le opusiesen, aunque esos tontos no supieran que era por el bien de ellos mismos.
Debía ponerse de pie por el mismo; no estaba dispuesto a mendigar ayuda ni caridad.
Se sentía fuerte interiormente aunque su cuerpo no acompañara esa fuerza intrínseca.
Un poco más, solo un paso más….
Ya llegaba…eran sólo unos metros…¡Si, si…Casi, casi…!
--¿te enteraste lo que pasó? –exclamó la enfermera volviéndose hacia su compañera—el viejo insoportable, ese que hubo que trasladar a una habitación sola porque nadie aguantaba su pedantería y carácter, murió anoche ; estaba recién operado y quiso levantarse para ir al baño, trastabilló con el cable de suero y cayó rompiéndose la nuca.
--¿Y no llamó por ayuda?
--No, que bah…”él no necesitaba nada”…la verdad: “mejor que murió, molestaba demasiado y nos volvía locos a todos!...Ah! ! por las pertenencias no te preocupes y tiralas, el viejo no tenía a nadie…
Liliana Varela
jueves, 24 de septiembre de 2009
LA QUE LO PRESUME
Todos los días que me miro al espejo, presumo, me presumo y acomodo las manos para sostener la cadera, al entusiasmo en ella; digo: cuándo podré ser linda; quiero agradarte, quiero que me quieras y además gustarte para que suceda…ese hecho maravilloso llamado la Creación nuestra, un tintinirirí en el sonar de la Campana,<< che chabón metéle>>, tenemos que hacer nuestro desfalco, tenemos que robarnos para conseguirnos en lo que es clandestino; tenemos-tememos, tenernos, sostenernos soportarnos hasta que el más cagón diga basta.
Y no me sale…no me sale, no creo que te alcance.
Te gustan las jovencitas, de piel fresca de gesto variamente despreocupado.
Yo solo cuento con la edad madura, el seño de eva trascendental, experta en cometer imprudencias que luego puedan costar lo que cuesten; el diente y el filo al filo del mordisco, la intención mal intencionada de ser en el hacer ruido y orquesta.
Tantos años y muchas hojas que han pasado por mi cuerpo escribiendo de lo que no se puede decir, ámbar de emociones, no sé que pueda aventurarle u ofrecerle a tu otoña edad donde te gusta invernar.
No hablo de primaveras, el rubor origenio lo he perdido a cuenta del canje de este verano infernal con el que te provoco…pero me cuesta entender que mi precario yo pueda hacer sombra sobre tu absoluto.
Desde esta agitación interna no observo que cometas tu política exterior; le tenés miedo a mi faja que faja, le tenés miedo a la negociación con esta terrorista del amor, voy a matarte, te lo prometo bajo amenaza, voy a hacerlo, vas a morir enervado al tajo de esta boca de leona, sostenido por estas dos manos que buscan venganza en tu diámetro preciso, el que me incluye por lamento y espanto aplastada/bendecida en el morbo/placer de la derrota.
Estuve detrás de vos los últimos cuarenta años donde te acostumbraste a limpiar del cuerpo la hojarasca por las que las mujeres áridas te robaron el regocijo; ahora como el himno de la alegría es que me pongo de pie frente al Atíkva; giro, te señalo y pido:
Que crezca tu cabello, te lo ruego en favor del estigma, esa naturaleza monumental tan naturalmente tuya, sansonsoniana; que esta pequeña combatiente quiere golpearte en los oídos del alma-¡que te retumbe!- Que escuches y sientas como te derriba la piedra de mi beso.
Fanny G Jaretón
Y no me sale…no me sale, no creo que te alcance.
Te gustan las jovencitas, de piel fresca de gesto variamente despreocupado.
Yo solo cuento con la edad madura, el seño de eva trascendental, experta en cometer imprudencias que luego puedan costar lo que cuesten; el diente y el filo al filo del mordisco, la intención mal intencionada de ser en el hacer ruido y orquesta.
Tantos años y muchas hojas que han pasado por mi cuerpo escribiendo de lo que no se puede decir, ámbar de emociones, no sé que pueda aventurarle u ofrecerle a tu otoña edad donde te gusta invernar.
No hablo de primaveras, el rubor origenio lo he perdido a cuenta del canje de este verano infernal con el que te provoco…pero me cuesta entender que mi precario yo pueda hacer sombra sobre tu absoluto.
Desde esta agitación interna no observo que cometas tu política exterior; le tenés miedo a mi faja que faja, le tenés miedo a la negociación con esta terrorista del amor, voy a matarte, te lo prometo bajo amenaza, voy a hacerlo, vas a morir enervado al tajo de esta boca de leona, sostenido por estas dos manos que buscan venganza en tu diámetro preciso, el que me incluye por lamento y espanto aplastada/bendecida en el morbo/placer de la derrota.
Estuve detrás de vos los últimos cuarenta años donde te acostumbraste a limpiar del cuerpo la hojarasca por las que las mujeres áridas te robaron el regocijo; ahora como el himno de la alegría es que me pongo de pie frente al Atíkva; giro, te señalo y pido:
Que crezca tu cabello, te lo ruego en favor del estigma, esa naturaleza monumental tan naturalmente tuya, sansonsoniana; que esta pequeña combatiente quiere golpearte en los oídos del alma-¡que te retumbe!- Que escuches y sientas como te derriba la piedra de mi beso.
Fanny G Jaretón
miércoles, 23 de septiembre de 2009
SEÑOR ALCALDE
Cada vez que oigo alguna crítica sobre la política bermejina me agarro unos enfados de padre y muy señor mío, ¿qué quiere que le diga, mi querido paisano? Me pongo en el papel del señor alcalde y veo cómo usted, sin ir más lejos, molesto por la falta de iluminación en las calles, o por el deficientísimo estado del acerado, por poner dos ejemplos, siempre acaba por descargar sus frustraciones sobre él. Y eso, sin pararse a meditar un segundo sobre la responsabilidad que realmente tiene nuestro esforzado regidor municipal sobre la referida situación.
-Si tuviéramos un alcalde como Dios manda…
-Si ese hijo de la gran p. del alcalde supiera donde tiene la cara…
-Si ese tarugo que tenemos por alcalde…
Y así, una y mil veces desahogan sus frustraciones nuestros paisanos, lanzando todo tipo de injustificados insultos. Reconózcalo. Aunque no se queda la cosa ahí. Sigamos confesando nuestras faltas, sean por comisión u omisión, ¿cuántas veces ha asentido usted cobardemente a tales acusaciones lanzadas por un contertulio cuando se quejaba de los baches de su calle? Y… ¿cuántas salió usted en defensa de la autoridad municipal ante tal lluvia de descalificaciones? Ninguna, así de claro se lo digo. Eso sí, luego, cuando el consistorio local de Villabermeja decida aumentar los impuestos municipales, saltará usted lleno de indignación sumándose, esta vez de forma activa, a los insultos que contra el alcalde del pueblo braman nuestros paisanos.
Bien merecido se lo tiene. ¡Vamos hombre! ¿Acaso pensaba usted que iba a escapar impunemente de sus pecados políticos? Nada de eso, querido paisano. No olvide que donde las dan las toman. Y usted se lo venía buscando desde hace tiempo. Insultos, vejaciones, improperios… Y el pobre y honesto señor alcalde, soportando como un nuevo santo Job todo el veneno que su boquita quiso soltar. No hombre, no. Con los primeros días del otoño, cuando los presupuestos municipales comiencen a tomar forma, el señor alcalde, atinadamente, tomará cumplida venganza de nuestros atropellos. Y la tomará donde más nos duele: en el bolsillo. Y como durante el verano tuvo a bien tomar detallada nota de todo lo que nosotros, sus desagradecidos vecinos, habíamos vomitado, ahora lo pagaremos con creces e intereses.
Así que, amigo y paisano mío, ni se le ocurra esbozar la más mínima crítica contra don Segismundo, nuestro eminentísimo alcalde. Comprenda que el buen hombre está tan atareado que difícilmente puede atender toda la problemática que se le viene encima cada dos por tres.
La semana pasada, sin ir más lejos, tuve ocasión de comprobarlo. El lunes fue una reunión en la capital para asistir a una convocatoria del partido en la que recibió instrucciones sobre las descalificaciones que era necesario verter sobre el partido rival; luego al día siguiente, debió desplazarse de nuevo urgentemente a la sede nacional de su partido con el fin de adoptar posturas comunes sobre un gravísimo problema nacional que debía ser tratado en un próximo pleno extraordinario de la Corporación Local.
El miércoles, cuando volvió de la capital, tuvo que citar urgentemente a sus compañeros de partido para indicarles las directrices emanadas desde arriba y que deberían seguir al pie de la letra ante el partido rival en el próximo pleno municipal. Finalmente, el jueves se celebró el pleno municipal en el que se debía acordar el apoyo incondicional de la corporación ante la decisión del gobierno de reconocer al nuevo estado de Puntolandia, una pequeña nación recién constituida por desmembración de un país del lejano oriente que ni siquiera le sonaba a ninguno de los concejales de su partido.
Lógicamente, la oposición, que no había sido informada con la antelación suficiente por sus respectivos jefes, se vio sorprendida ante decisión tan importantísima, y solicitó un receso hasta recibir instrucciones sobre el voto que debían emitir. Como no pudieron contactar con la superioridad, ni tenían la más mínima idea sobre la identidad del nuevo país, votaron en contra acusando al partido gobernante de oscurantismo y de apoyar a una nación cuya democracia no estaba suficientemente contrastada.
Esta actitud, como usted puede adivinar, desembocó en un durísimo ataque al partido gobernante. El señor alcalde, ofendido, se vio en la obligación moral de convocar una rueda de prensa de los medios de comunicación locales: la Televisión Municipal , la Emisora Municipal y el Boletín Informativo Municipal. Como quiera que todos ellos están dirigidos, lógicamente, por destacados militantes del partido en el gobierno, les puedo asegurar que no faltó ni uno de ellos a la citada convocatoria, que se celebró el día siguiente viernes.
Pues bien, aunque ustedes no se lo quieran creer, el sábado, cuando entré en Casa Blas a tomar mi cafelito mañanero, la barra del bar era ya un manantial de insultos y descalificaciones que manaban abundosamente de aquellas bocas desagradecidas. Y todo porque llevaban tres días sin que sus calles viesen ni la sombra de un basurero y, como quiera que algunas calles llevaban una semana con el alumbrado averiado, más de uno llegó a su casa con los zapatos emborrizados en porquería.
Pero nadie salió en defensa de don Segismundo. Nadie dijo una sola palabra sobre las importantísimas e ingentes tareas que habían ocupado a los señores concejales durante toda la semana. Nadie habló sobre el importantísimo debate que había tenido lugar en el último pleno municipal: la nueva nación recién salida de lejanas tierras y otros sucesos internacionales que, sin lugar a dudas, ocupaban las primeras páginas de toda la prensa nacional habían desplazado, naturalmente, a temillas sin importancia. ¿Quién se iba a preocupar de fruslerías como la recogida de basura, la falta de iluminación en las calles de Villabermeja, los recientes cortes en el suministro de agua o el estado de abandono de parques y jardines?
Decididamente, queridos paisanos, son ustedes unos desagradecidos, chismosos y desconsiderados con nuestras dignísimas autoridades municipales. Sólo espero que a partir de ahora se arrepientan de sus injurias y, en penitencia, acepten disciplinadamente la próxima subida de impuestos gracias a la cual el señor alcalde podrá duplicar sus emolumentos tan diligentemente ganados.
Al menos él escapará de la crisis económica.
Manuel Cubero
-Si tuviéramos un alcalde como Dios manda…
-Si ese hijo de la gran p. del alcalde supiera donde tiene la cara…
-Si ese tarugo que tenemos por alcalde…
Y así, una y mil veces desahogan sus frustraciones nuestros paisanos, lanzando todo tipo de injustificados insultos. Reconózcalo. Aunque no se queda la cosa ahí. Sigamos confesando nuestras faltas, sean por comisión u omisión, ¿cuántas veces ha asentido usted cobardemente a tales acusaciones lanzadas por un contertulio cuando se quejaba de los baches de su calle? Y… ¿cuántas salió usted en defensa de la autoridad municipal ante tal lluvia de descalificaciones? Ninguna, así de claro se lo digo. Eso sí, luego, cuando el consistorio local de Villabermeja decida aumentar los impuestos municipales, saltará usted lleno de indignación sumándose, esta vez de forma activa, a los insultos que contra el alcalde del pueblo braman nuestros paisanos.
Bien merecido se lo tiene. ¡Vamos hombre! ¿Acaso pensaba usted que iba a escapar impunemente de sus pecados políticos? Nada de eso, querido paisano. No olvide que donde las dan las toman. Y usted se lo venía buscando desde hace tiempo. Insultos, vejaciones, improperios… Y el pobre y honesto señor alcalde, soportando como un nuevo santo Job todo el veneno que su boquita quiso soltar. No hombre, no. Con los primeros días del otoño, cuando los presupuestos municipales comiencen a tomar forma, el señor alcalde, atinadamente, tomará cumplida venganza de nuestros atropellos. Y la tomará donde más nos duele: en el bolsillo. Y como durante el verano tuvo a bien tomar detallada nota de todo lo que nosotros, sus desagradecidos vecinos, habíamos vomitado, ahora lo pagaremos con creces e intereses.
Así que, amigo y paisano mío, ni se le ocurra esbozar la más mínima crítica contra don Segismundo, nuestro eminentísimo alcalde. Comprenda que el buen hombre está tan atareado que difícilmente puede atender toda la problemática que se le viene encima cada dos por tres.
La semana pasada, sin ir más lejos, tuve ocasión de comprobarlo. El lunes fue una reunión en la capital para asistir a una convocatoria del partido en la que recibió instrucciones sobre las descalificaciones que era necesario verter sobre el partido rival; luego al día siguiente, debió desplazarse de nuevo urgentemente a la sede nacional de su partido con el fin de adoptar posturas comunes sobre un gravísimo problema nacional que debía ser tratado en un próximo pleno extraordinario de la Corporación Local.
El miércoles, cuando volvió de la capital, tuvo que citar urgentemente a sus compañeros de partido para indicarles las directrices emanadas desde arriba y que deberían seguir al pie de la letra ante el partido rival en el próximo pleno municipal. Finalmente, el jueves se celebró el pleno municipal en el que se debía acordar el apoyo incondicional de la corporación ante la decisión del gobierno de reconocer al nuevo estado de Puntolandia, una pequeña nación recién constituida por desmembración de un país del lejano oriente que ni siquiera le sonaba a ninguno de los concejales de su partido.
Lógicamente, la oposición, que no había sido informada con la antelación suficiente por sus respectivos jefes, se vio sorprendida ante decisión tan importantísima, y solicitó un receso hasta recibir instrucciones sobre el voto que debían emitir. Como no pudieron contactar con la superioridad, ni tenían la más mínima idea sobre la identidad del nuevo país, votaron en contra acusando al partido gobernante de oscurantismo y de apoyar a una nación cuya democracia no estaba suficientemente contrastada.
Esta actitud, como usted puede adivinar, desembocó en un durísimo ataque al partido gobernante. El señor alcalde, ofendido, se vio en la obligación moral de convocar una rueda de prensa de los medios de comunicación locales: la Televisión Municipal , la Emisora Municipal y el Boletín Informativo Municipal. Como quiera que todos ellos están dirigidos, lógicamente, por destacados militantes del partido en el gobierno, les puedo asegurar que no faltó ni uno de ellos a la citada convocatoria, que se celebró el día siguiente viernes.
Pues bien, aunque ustedes no se lo quieran creer, el sábado, cuando entré en Casa Blas a tomar mi cafelito mañanero, la barra del bar era ya un manantial de insultos y descalificaciones que manaban abundosamente de aquellas bocas desagradecidas. Y todo porque llevaban tres días sin que sus calles viesen ni la sombra de un basurero y, como quiera que algunas calles llevaban una semana con el alumbrado averiado, más de uno llegó a su casa con los zapatos emborrizados en porquería.
Pero nadie salió en defensa de don Segismundo. Nadie dijo una sola palabra sobre las importantísimas e ingentes tareas que habían ocupado a los señores concejales durante toda la semana. Nadie habló sobre el importantísimo debate que había tenido lugar en el último pleno municipal: la nueva nación recién salida de lejanas tierras y otros sucesos internacionales que, sin lugar a dudas, ocupaban las primeras páginas de toda la prensa nacional habían desplazado, naturalmente, a temillas sin importancia. ¿Quién se iba a preocupar de fruslerías como la recogida de basura, la falta de iluminación en las calles de Villabermeja, los recientes cortes en el suministro de agua o el estado de abandono de parques y jardines?
Decididamente, queridos paisanos, son ustedes unos desagradecidos, chismosos y desconsiderados con nuestras dignísimas autoridades municipales. Sólo espero que a partir de ahora se arrepientan de sus injurias y, en penitencia, acepten disciplinadamente la próxima subida de impuestos gracias a la cual el señor alcalde podrá duplicar sus emolumentos tan diligentemente ganados.
Al menos él escapará de la crisis económica.
Manuel Cubero
jueves, 17 de septiembre de 2009
Buscar lo propio
“Debajo del techo no había nada”
Jorge Luis Estrella
Cabizbajo buscó a tientas la llave de luz; debía asegurarse , ver por sí mismo su entorno.
Trastabilló una o dos veces, lo que demostraba que su dominio existía, que aún conservaba lo que le era propio.
Las yemas de sus dedos oprimieron el botón y todo resplandeció.
La habitación entera mostró ante él, sus pertenencias, sus muebles, su feudo.
La mueca de su sonrisa se transformó en rictus amargo al cabo de unos segundos…¡todo había desaparecido! . Sólo quedaba él bajo ese gran techo que parecía reírse de su suerte.
¡Qué equivocado había estado!... sin ella nada valía, incluso él era la sombra de un cuerpo que ya no estaba –ni jamás volvería a estar.
Liliana Varela 2009
http://lilianavarel a.blogspot. com
Jorge Luis Estrella
Cabizbajo buscó a tientas la llave de luz; debía asegurarse , ver por sí mismo su entorno.
Trastabilló una o dos veces, lo que demostraba que su dominio existía, que aún conservaba lo que le era propio.
Las yemas de sus dedos oprimieron el botón y todo resplandeció.
La habitación entera mostró ante él, sus pertenencias, sus muebles, su feudo.
La mueca de su sonrisa se transformó en rictus amargo al cabo de unos segundos…¡todo había desaparecido! . Sólo quedaba él bajo ese gran techo que parecía reírse de su suerte.
¡Qué equivocado había estado!... sin ella nada valía, incluso él era la sombra de un cuerpo que ya no estaba –ni jamás volvería a estar.
Liliana Varela 2009
http://lilianavarel a.blogspot. com
martes, 15 de septiembre de 2009
Consejos de madre
Le dí mis mejores años, mis ilusiones, mi vida por completo. Le busqué un atajo a la felicidad ¿sabés? .
Y hoy, hoy...me dice que se terminó, que no hay más, que todo es parte del pasado .
¿Y qué querés que haga? ¿que lo mate? ¿qué le pida explicaciones?
¡No va a servir de nada! ¿entendés? de nada, créeme. Sé lo que digo.
No se puede obligar a alguien a amar. Es imposible.
Por eso estoy de vuelta mamá, porque vos me dijiste que no lo siguiera, que no soñara con imposibles, que "ese" no era para mi. ¿Pero te hice caso? ¡por supuesto que no!
"No repitas mi pasado" -dijiste llorando- "No trabajes para él, no te dejes usar como lo hice yo. Que no te utilice para que mantengas sus vicios, para que le pagues sus estudios" . Lo recuerdo como si fuese hoy mamá. ¡Sabías tanto y no te supe escuchar!
Me usó como quiso; pagué sus estudios laburando casi 18 horas por día para que él se recibiese de abogado.
Supuestamente cuando tuviese el título, yo ya no debería tener dos trabajos y podríamos tener hijos y una casa mejor. Si hasta aborté porque me dijo que no era el momento, que esperásemos. ¡Y cómo me dolió mamá hacer eso! Pequé y Dios me castigó dejándome estéril y al borde de la muerte.
Pero así y todo mamá ¡yo le creía! ¡yo confiaba en él! Lo amaba tanto.
Sé que no estuve cuando me necesitaste. No tenía tiempo ¿entendés? no había un minuto de descanso hasta no lograr el sueño de los dos. ¡un sueño que resultó suyo solamente!
¡Ya está mamá, no reproches más ! tenés razón, siempre la tuviste. Me dejó por otra ¿sabés? más joven e instruida por supuesto; otra abogada como él.
Y yo acá estoy. Soy tu hija arrepentida. ¿Me haces un lugar junto a vos? ¡te necesito tanto mamá! ¡no me despreciés por favor!.
¡¡Gracias mamá!!...gracias. .. dejáme estar a tu lado..¡así, gracias mamá, gracias!!!!
El estruendo de un balazo retumbó en el cementerio.
Liliana Varela
De "Cuentos para no dormir"
Y hoy, hoy...me dice que se terminó, que no hay más, que todo es parte del pasado .
¿Y qué querés que haga? ¿que lo mate? ¿qué le pida explicaciones?
¡No va a servir de nada! ¿entendés? de nada, créeme. Sé lo que digo.
No se puede obligar a alguien a amar. Es imposible.
Por eso estoy de vuelta mamá, porque vos me dijiste que no lo siguiera, que no soñara con imposibles, que "ese" no era para mi. ¿Pero te hice caso? ¡por supuesto que no!
"No repitas mi pasado" -dijiste llorando- "No trabajes para él, no te dejes usar como lo hice yo. Que no te utilice para que mantengas sus vicios, para que le pagues sus estudios" . Lo recuerdo como si fuese hoy mamá. ¡Sabías tanto y no te supe escuchar!
Me usó como quiso; pagué sus estudios laburando casi 18 horas por día para que él se recibiese de abogado.
Supuestamente cuando tuviese el título, yo ya no debería tener dos trabajos y podríamos tener hijos y una casa mejor. Si hasta aborté porque me dijo que no era el momento, que esperásemos. ¡Y cómo me dolió mamá hacer eso! Pequé y Dios me castigó dejándome estéril y al borde de la muerte.
Pero así y todo mamá ¡yo le creía! ¡yo confiaba en él! Lo amaba tanto.
Sé que no estuve cuando me necesitaste. No tenía tiempo ¿entendés? no había un minuto de descanso hasta no lograr el sueño de los dos. ¡un sueño que resultó suyo solamente!
¡Ya está mamá, no reproches más ! tenés razón, siempre la tuviste. Me dejó por otra ¿sabés? más joven e instruida por supuesto; otra abogada como él.
Y yo acá estoy. Soy tu hija arrepentida. ¿Me haces un lugar junto a vos? ¡te necesito tanto mamá! ¡no me despreciés por favor!.
¡¡Gracias mamá!!...gracias. .. dejáme estar a tu lado..¡así, gracias mamá, gracias!!!!
El estruendo de un balazo retumbó en el cementerio.
Liliana Varela
De "Cuentos para no dormir"
sábado, 12 de septiembre de 2009
"Despedida"
Lo sé. Hoy es la despedida. No necesito que me lo digas, lo veo en tus ojos aunque no lo creas. Y te entiendo; esto es demasiado para los dos, demasiado sufrimiento sin sentido. Compartimos tantas cosas bellas, tantos instantes felices; el calor de la cama por las mañanas y los abrazos tiernos al reencontrarnos al final del día. También superamos juntos momentos tristes; tus depresiones y las largas charlas en la que desnudabas tu alma para luego hundirte en mi abrazo.
Por supuesto que me gustaría que durara por toda la eternidad pero no puedo evitar ser el causante de la ruptura.
¡Nuestro último momento juntos.. y el amor se percibe en el aire que nos rodea! No, no llores por favor… no quiero verte triste, no deseo llevarme esa imagen , prefiero recordarte alegre, sonriente como siempre quise que estuvieras a mi lado.
Sé que sientes la culpa por tomar la decisión y sé que has debido recurrir a él para terminar lo nuestro ya que te sentías demasiado débil para hacerlo por tu propia mano.
No guardo rencor a tu actitud… los dos sufrimos demasiado estos últimos tiempos.
Sabíamos que no sería permanente, que el malvado tiempo no era el mismo para los dos y sin embargo hiciste lo imposible para que siguiera a tu lado: yo te defraudé con mi cuerpo y mi alma.
Confieso que tampoco deseo seguir luchando , el cansancio me pesa demasiado al igual que a ti.
Siento en mi piel tu caricia llena de amor: sabes que es el final. Se anestesia el dolor mientras disfruto de tu contacto… y apenas puedo mantener entreabiertos los párpados para conservar tu imagen….debo irme.
---Ya está. Fue lo mejor. Piense que ya no sufrirá más y que pudo disfrutar muchos años con él. Era inhumano seguir manteniéndolo vivo con semejante tumor. No se culpe, se hizo todo lo posible por él.
La mujer siguió acariciando a su perro Fiel mientras sus húmedos ojos observaban la jeringa que el veterinario había desechado dentro del tacho de basura.
Liliana Varela 2007
Por supuesto que me gustaría que durara por toda la eternidad pero no puedo evitar ser el causante de la ruptura.
¡Nuestro último momento juntos.. y el amor se percibe en el aire que nos rodea! No, no llores por favor… no quiero verte triste, no deseo llevarme esa imagen , prefiero recordarte alegre, sonriente como siempre quise que estuvieras a mi lado.
Sé que sientes la culpa por tomar la decisión y sé que has debido recurrir a él para terminar lo nuestro ya que te sentías demasiado débil para hacerlo por tu propia mano.
No guardo rencor a tu actitud… los dos sufrimos demasiado estos últimos tiempos.
Sabíamos que no sería permanente, que el malvado tiempo no era el mismo para los dos y sin embargo hiciste lo imposible para que siguiera a tu lado: yo te defraudé con mi cuerpo y mi alma.
Confieso que tampoco deseo seguir luchando , el cansancio me pesa demasiado al igual que a ti.
Siento en mi piel tu caricia llena de amor: sabes que es el final. Se anestesia el dolor mientras disfruto de tu contacto… y apenas puedo mantener entreabiertos los párpados para conservar tu imagen….debo irme.
---Ya está. Fue lo mejor. Piense que ya no sufrirá más y que pudo disfrutar muchos años con él. Era inhumano seguir manteniéndolo vivo con semejante tumor. No se culpe, se hizo todo lo posible por él.
La mujer siguió acariciando a su perro Fiel mientras sus húmedos ojos observaban la jeringa que el veterinario había desechado dentro del tacho de basura.
Liliana Varela 2007
viernes, 4 de septiembre de 2009
EL CARROÑERO
Compañeros, amigos todos: Como es sabido por muchos de los presentes, el aumento constante de nuestra actividad, exige precisión y determinación de las condiciones de las actividades apropiadas. Los superiores principios ideológicos, condicionan que un relanzamiento específico de todos los sectores implicados suponga un auténtico y eficaz punto de partida de toda una casuística de amplio espectro…
-¿Te das cuenta, Mariano? Este tío lleva hablando un rato sin decir absolutamente nada.
-Peligrosa actuación, no te fíes, Espe. Nunca sabemos por dónde va a salir esta gente.
-Tras esta breve introducción –continuó el conferenciante- entremos de lleno en el
tema que hoy nos trae aquí. Como sabéis estas aves carroñeras, porque debéis saberlo, la gaviota es un ave carroñera que se alimenta y vive a costa de lo peor que pueda caer en sus manos.
Escudándose en su presencia, agradable, elegante, distinguida si queréis, se esconde un animal realmente soez. Los bajos instintos, ocultos bajo la figura de un ave grácil, veloz, resistente y llena de vitalidad, brotarán de su organismo a la primera ocasión que se presente. Ahí radica su peligrosidad. La gaviota subyuga con su presencia, encubre bajo ella su innata tendencia a la agresión y sus deseos de imponerse ante cualquier eventualidad o peligro y de sobrevivir a estos a costa de lo que sea.
-Te lo dije, este hombre entra a saco en el tema que le interesa a las primeras de cambio... –comentó Mariano, casi en un susurro al oído de Espe.
Inquisitiva y acusadora, la mirada del conferenciante se hundió en el rostro de ambos charlatanes, que guardaron silencio anonadados.
-Salid al campo. Salid a cualquier sitio –continuó éste- y allí la encontraréis. Ha extendido sus dominios sobre todos los terrenos: campo y playa, mundo rural y urbano... Ha salido del ámbito propio y reducido a que estaba limitada. Voraz y destructora se ha impuesto a todos los demás y, si pudiese, destruiría sin piedad a cuantos se interpusiesen en su voraz camino.

Por este motivo, nos hemos reunido hoy aquí, para debatir y estudiar las posibles soluciones a la invasión de que estamos siendo objeto por parte de la dichosa gaviota. Ha extendido su dominio por todos los terrenos a su alcance. Y esa es la causa por la que aun reconociendo, de acuerdo con las modernas tendencias ecologistas, que debemos respetar el ámbito de todos y cada uno de los organismos que deambulan por nuestro país, no es menos cierto que se hace necesario poner coto a este indiscriminado ataque de que estamos siendo objeto. En cualquier momento, y lo digo con conocimiento de causa, estos animales insaciables serían capaces de apoderarse de toda la nación en su propio provecho...
-No lo soporto más, Espe, vámonos inmediatamente de aquí, ¡Este hombre está llegando al insulto!
-Tranquilo, Mariano, tranquilo, que este hombre es biólogo y no está hablando de política. Yademás, según me han dicho es yanqui y amigo de Josemari...
...
NOTA para los amigos de fuera de España.- El Partido Popular español tiene como símbolo una gaviota.
Manuel Cubero
-¿Te das cuenta, Mariano? Este tío lleva hablando un rato sin decir absolutamente nada.
-Peligrosa actuación, no te fíes, Espe. Nunca sabemos por dónde va a salir esta gente.
-Tras esta breve introducción –continuó el conferenciante- entremos de lleno en el
tema que hoy nos trae aquí. Como sabéis estas aves carroñeras, porque debéis saberlo, la gaviota es un ave carroñera que se alimenta y vive a costa de lo peor que pueda caer en sus manos.Escudándose en su presencia, agradable, elegante, distinguida si queréis, se esconde un animal realmente soez. Los bajos instintos, ocultos bajo la figura de un ave grácil, veloz, resistente y llena de vitalidad, brotarán de su organismo a la primera ocasión que se presente. Ahí radica su peligrosidad. La gaviota subyuga con su presencia, encubre bajo ella su innata tendencia a la agresión y sus deseos de imponerse ante cualquier eventualidad o peligro y de sobrevivir a estos a costa de lo que sea.
-Te lo dije, este hombre entra a saco en el tema que le interesa a las primeras de cambio... –comentó Mariano, casi en un susurro al oído de Espe.
Inquisitiva y acusadora, la mirada del conferenciante se hundió en el rostro de ambos charlatanes, que guardaron silencio anonadados.
-Salid al campo. Salid a cualquier sitio –continuó éste- y allí la encontraréis. Ha extendido sus dominios sobre todos los terrenos: campo y playa, mundo rural y urbano... Ha salido del ámbito propio y reducido a que estaba limitada. Voraz y destructora se ha impuesto a todos los demás y, si pudiese, destruiría sin piedad a cuantos se interpusiesen en su voraz camino.

Por este motivo, nos hemos reunido hoy aquí, para debatir y estudiar las posibles soluciones a la invasión de que estamos siendo objeto por parte de la dichosa gaviota. Ha extendido su dominio por todos los terrenos a su alcance. Y esa es la causa por la que aun reconociendo, de acuerdo con las modernas tendencias ecologistas, que debemos respetar el ámbito de todos y cada uno de los organismos que deambulan por nuestro país, no es menos cierto que se hace necesario poner coto a este indiscriminado ataque de que estamos siendo objeto. En cualquier momento, y lo digo con conocimiento de causa, estos animales insaciables serían capaces de apoderarse de toda la nación en su propio provecho...
-No lo soporto más, Espe, vámonos inmediatamente de aquí, ¡Este hombre está llegando al insulto!
-Tranquilo, Mariano, tranquilo, que este hombre es biólogo y no está hablando de política. Yademás, según me han dicho es yanqui y amigo de Josemari...
...
NOTA para los amigos de fuera de España.- El Partido Popular español tiene como símbolo una gaviota.
Manuel Cubero
Suscribirse a:
Entradas (Atom)