miércoles, 9 de abril de 2008

Pensamientos

No he ido a casa de tus padres, me faltó valor para afrontar la situación. Siempre he defendido que lo correcto es dar la cara ante lo que se presenta delante de ti, pero no pude. Quería ir, darles dos besos, hablarles, pero alguna cosa me retuvo. Nunca se me dieron bien este tipo de vivencias, no se que decir ni como empezar, es algo que me supera, llámalo cobardía o poca fe.

Me imagino la escena y sólo de pensarlo me da mucha tristeza y rabia, unos padres totalmente destrozados por los acontecimientos vividos, llego yo y que les digo, ¿hola soy amiga de su hijo? Y si se ponen a llorar que hago, como les consuelo si no es posible. Han enterrado a su único hijo, han perdido toda ilusión y esperanza, todo absolutamente y por más que digas no hay consuelo.

Soy una persona muy sensible y sentimental, me gusta quedar bien ante la gente y seguir mis principios. Si se hubiera tratado de una persona anciana no habría dudado en ir a su casa y hablar con la familia, lo que propiamente se dice dar la cara. Pero la cosa cambia cuando te encuentras ante la juventud que dan los veinticinco años.

Esto no tendría que pasar, los hijos han de enterrar a los padres y no al contrario porque es cruel. Demasiado dolor para un corazón que a pesar de todo ha de seguir latiendo.



Actualmente



Han pasado los meses, y a casi un año de tu fallecimiento me sigo acordando, faltan tres meses para mi boda y sabías que estabas invitado a ella junto con los demás amigos, de echo durante la cena les di la invitación que recogieron encantadas.

La vida sigue, el mundo no se acaba aquí. A pesar de las circunstancias cada persona tiene su camino y los golpes que te das a lo largo de este hay que superarlos, creo que aunque sigo pensando en ti, cosa que por otro lado es normal, pienso que lo he llevado bien. Tus amigos hemos superado la tristeza que da perder a alguien del grupo, a veces nos acordamos desde la añoranza y rememoramos vivencias y situaciones graciosas, pero cada vez hablamos menos de ti, la vida a echo que nos acostumbremos a que ya no estás. La única pena que tenemos todos, es que al ser de Galicia tus padres te llevaron allí y nosotros que estamos en Barcelona no pudimos ir a despedirnos antes de tu incineración, en este sentido tenemos todos un gran vacío.

Escribo esta historia porque yo no quiero olvidarte, no quiero ser una de estas personas que olvidan a sus amigos. Quiero que pasen los años y deseo que al volver a leer esta historia vengan a la mente pensamientos positivos, necesito escribir mis sentimientos en un papel porque no quiero perderlos, soy muy amiga de mis amigos.

Hoy sólo puedo desearte buena suerte estés donde estés, y que dios te bendiga siempre querido amigo.

Recibe un abrazo y no olvides que te quiero mucho.





Fin.


Erika Martínez Rodríguez

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