martes, 8 de julio de 2008

OASIS


¿Piensan que no me doy cuenta de su trampa? ¿Que no adivino qué traman?
Me subestiman; se creen que estoy tan loco como ellos, no tienen ni idea de la inteligencia que poseo.
Llevo tanto tiempo en este lugar que parezco haberme mimetizado con ellos; conozco sus pensamientos más íntimos, sus secretos más oscuros, sus debilidades y fortalezas. ¡A mi no me van a engañar así nomás!
Todos los días escucho sus pueriles y fantásticas historias: unicornios volando sobre sus cabezas, helicópteros de fuego queriendo atraparlos, voluptuosos súcubos invadiendo sus húmedas noches.
Estoy cansado de ser su psiquiatra, el Mesías que los va a liberar de sus tristes vidas distorsionadas hace tiempo; más me valiera jubilarme y dedicarme al ocio, a disfrutar de las pequeñas cosas cotidianas.
¡Maldición! Otra vez vienen hacía mi, tendré que seguir escuchando sus rutinarias anécdotas; me siento tan solo ¡cuándo acabará mi sufrimiento!
-Venga Doctor, lo necesitamos en el pabellón seis; traiga el maletín por favor.

El interno se alejó seguido de los enfermeros llevando en sus manos el viejo maletín hallado en un basural.


Liliana Varela 2008

2 comentarios:

julia del prado morales dijo...

Un buen cuento; que te desconcierta, que te lleva a ese final; en que quizás el interno es el mèdico, abrazos, Julia

EMMuñoz dijo...

Yo soy Napoleon.

Napo.