jueves, 20 de septiembre de 2007

Decir la verdad

AUTORA: Liliana Varela (Argentina)




--Vengo a matar a Ernesto Quimbel – respondí a la atónita mujer que me observaba del otro lado del mostrador situado en el Paso Fronterizo de Ciudad de Este.

La mujer me observó con detenimiento; podría decirse que algo sorprendida. Auscultándome otra vez, inquirió.

--perdón señora…¿podría repetirme el propósito de su estadía en esta ciudad?.

--he dicho que vengo a matar a Ernesto Quimbel –reiteré ya un tanto fastidiada.

--por favor espéreme unos segundos –dijo la mujer mientras desaparecía de mi vista.

Al rato volvió a aparecer con el que presupuse debería ser su jefe, quien luego de mirarme con detenimiento preguntó

--perdón señora…creo que no ha quedado muy en claro el propósito de su estadía en esta ciudad…¿Usted ha dicho que viene a “matar” a …?

--Ernesto Quimbel –respondí segura de mi misma—y les agradecería no me hicieran perder más tiempo por favor.

El hombre miró a su empleada perplejo; sus miradas se entrecruzaron con la del guardia y nuevamente confluyeron en mi persona.

--Bueno señorita Morales…--dijo mirando a la empleada—déle los papeles a esta señora para que pueda seguir; sinceramente no veo motivo para no dejarla seguir su camino.

--pero señor…Ha dicho que…

--¡señorita! Haga lo que le digo…--bajando el tono hasta casi hacerlo un murmullo agregó-- ¿bajo qué motivo quiere que la detengamos aquí?

--muy bien señor. Aquí tiene señorita…su documento –dijo, mientras yo tomaba los papeles que extendía hacia mi.

--Gracias han sido muy amables; aún debo ir a buscar el arma a la casa de un amigo.

--Sí, vaya tranquila –fueron las últimas palabras que escuche de la mujer del Paso.


Llegué al coqueto apartamento de tres plantas, luego de haber pasado por la casa del amigo de mi padre; aquel que me había facilitado el arma, libre de número y señas.

--Si? –atendió la masculina voz del otro lado del portero-- ¿quién es?

--¿Señor Quimbel? ¿Ernesto Quimbel?

--Si soy yo. ¿qué desea?

--Señor..¿podría bajar? Vengo desde Argentina, a matarlo…y debo irme enseguida…

--¿es una broma? –escuché la voz algo fastidiada.

--No señor; soy hija del señor Torres…quien ayer se suicidó debido a las deudas y la hipoteca contraída con usted.


No escuché nada más; hasta que estuvo frente a mi.

No olvido su atónita mirada al dispararle con el silenciador.

No dejo de recordar su pregunta entrecortada al impactar la bala en su pecho….

--¿A qué esta jugando…de qué me habla….?


--¿pudo cumplir con su propósito señora? –preguntó la mujer que me había atendido aquella mañana en el paso fronterizo.

--Si gracias, ya maté a Ernesto Quimbel y obviamente me deshice del arma. Ahora debo retornar a concluir con el entierro de mi padre…quien ya está bien vengado.

--me alegro por usted señora; aquí tiene sus documentos.

--Gracias es muy amable.

--Visítenos cuando quiera.

--gracias…por el momento mi visita concluyó. –dije mientras me aprestaba a partir—



Cuando arribaba a mi país sentí el Valor de decir la verdad, lo importante que eso era en mi vida: había sido una gran enseñanza de mi padre…que serviría por el resto de mi existencia.

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